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Viernes 21 de Diciembre de 2012

Amsterdam

Siempre a la vanguardia

por Camilo Abrantes / Fotos: Hendrik Biegel / Nicolaas Vestdijk / Simon Bruna / Jan Rodenburg / Jeroen Reve / Astrid Huet / Nina Anker / Dick Kouwenaar

La capital holandesa vive de los contrastes. Una intensa actividad nocturna que se conjuga sin tapujos con su apasionante oferta cultural; el protagonismo de la realeza que convive sanamente con una de las sociedades más abiertas del mundo. Aquí, todo lo imprescindible para recorrer y disfrutar una ciudad enérgica y cosmopolita, desde sus puntos más tradicionales a los rincones que irradian curiosidad, erotismo y controversia.

Curioso detalle. Al pisar Amsterdam, lo más difícil de encontrar no es un cuarto de hotel o la dirección de un museo. Recorriendo sus calles pueden reconocerse sudafricanos, ingleses, rusos, árabes, latinoamericanos o franceses, pero para dar con un holandés hay que forzar un poco la vista. La ciudad no supera los 780 mil habitantes y contabiliza más de 170 nacionalidades conviviendo en un manojo de manzanas, lo que hace de Amsterdam un auténtico sitio cosmopolita con las puertas abiertas a la diversidad y todo tipo de expresiones culturales.


Atravesada por 165 canales y 1.281 puentes, la ciudad puede recorrerse en auto, tranvía, o –lo aconsejable– rentando una de las 600 mil bicicletas que descansan contra faroles y barandillas. Y si de lejos ya se disfruta del cruce arquitectónico entre las fachadas del barroco holandés del siglo XVII y las construcciones más modernas, basta conocer algunas referencias puntuales para entrar en la intimidad de Amsterdam.


Anne Frank Huis. Cerca de la Estación Central, en el encuentro de las calles Brouwers y Prinsengracht, puede avanzarse hacia el puente Lekkersluis y hallar la primera gran vista panorámica. Un puente levadizo de hierro, un antiguo cañón y embarcaciones son los ingredientes de un paisaje típico del barrio Jordaan, con el Café Papeneiland –el más antiguo de Amsterdam, cuya especialidad es el apple pie– como punto neurálgico. Unas pocas manzanas más adelante, sobre la Prinsengracht, puede visitarse la Anne Frank Huis, la casa de la joven que describió como nadie las aberraciones nazis, donde es posible explorar las habitaciones, ver El diario de Ana Frank original y un completo documental sobre el Holocausto. La historia de la humanidad continúa unos pasos más adelante, camino arriba por la calle Westerkerk, donde puede conocerse la tumba de Rembrandt y el hogar en el que vivió René Descartes. Antes, vale la pena detenerse frente a la parroquia de la Iglesia Reformada de los Países Bajos, abierta hacia 1631. Usualmente utilizada para interpretar conciertos de cámara, completan el espectáculo visual sus imponentes arcos y columnas, la torre de 85 metros de altura y su campana de 7.500 kilos.


Plaza del Dam. El recreo puede hacerse en De Drie Fleschjes, una antigua taberna a mitad de manzana en la calle Gravenstraat. Su espacio reducido no opaca su impresionante colección de licores y ginebras para degustar. Cerca de allí, donde termina la calle Nieuwendijk, se puede apreciar la Plaza del Dam o Plaza Mayor. Está rodeada por las fachadas del Palacio Real, el Monumento Nacional del Dam y el Museo de Cera. La plaza del Dam es el auténtico corazón de Amsterdam. En contraste con su pasado, actualmente es un lugar muy tranquilo que acoge a una gran cantidad de palomas y artistas callejeros. En 1535, fue el telón de fondo de las sublevaciones de los anabaptistas. No había pasado ni un siglo cuando el botín de la flota de plata suscitó otra revuelta. En 1935, los problemas derivados de la reducción de las prestaciones por desempleo también se centraron en esta plaza. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, soldados alemanes mataron a ciudadanos inocentes en este mismo sitio durante un espantoso tiroteo. En las décadas de 1960 y 1970 aquí se concentraron las manifestaciones estudiantiles, así como las contrarias a la guerra del Vietnam. Los últimos disturbios se remontan a 1980, con ocasión de la coronación de Su Alteza Real la Reina Beatriz en la Nieuwe Kerk (Iglesia nueva).


Museos. El Rijksmuseum es uno de los ilustres museos de Amsterdam. Sus más de 5 mil pinturas, 30 mil piezas de arte aplicado y 17 mil objetos históricos exigen reservar un día completo para disfrutar de ese festín cultural. Pese a que en el Museo Van Gogh se realizarán obras de remodelación hasta el 25 de abril de 2013, las magníficas obras de arte de Vincent van Gogh se expondrán en el Museo Hermitage. No hay ningún otro rincón del mundo que reúna bajo un mismo techo tantos cuadros de Van Gogh. La colección se compone de 200 lienzos, 500 dibujos y 750 documentos escritos. Juntos, ofrecen una excelente imagen de su vida y su obra. Por otro lado, una opción más peculiar es arribar al Museo Casa Flotante. En 1997, Vincent van Loon lo levantó en el Hendrika Maria, un carguero de 1914 reconvertido en casa flotante en los años 60. Ahora se mantiene como si siguiera estando habitado, para que los turistas puedan hacerse una idea de cómo es realmente vivir en un barco. Esta visita es una magnífica oportunidad para comprobar cómo viven los holandeses.


Westergasfabriek. Ubicado en la zona oeste, antiguamente este parque cultural era una fábrica de gas carbón que suministraba combustible para la iluminación de las calles y edificios. A finales del siglo XX se restauró el complejo y se le dio un destino cultural y recreativo. Hoy en día, en el Westergasfabriek se celebran festivales, representaciones de teatro y exposiciones. También se organizan grandes conciertos de artistas de primer orden y el área cuenta con atractivos establecimientos hoteleros.
El teatro DeLaMar. Uno de los más conocidos de la ciudad. Aunque en otros tiempos se utilizaba como almacén para los decorados del teatro municipal (Stadsschouwburg), en 1947 abrió sus puertas para representar obras de teatro, cabaret y producciones subvencionadas. A principios del siglo XXI, la fundación del productor de televisión y teatro Joop van den Enden lo reconstruyó junto con el cine adyacente, y los transformó en un fantástico nuevo teatro con dos grandes salas (más de 600 y 900 plazas). Se abrió en 2010 y desde entonces se han representado numerosos musicales y producciones teatrales.


El Begijnhof. Es uno de los lugares más hermosos. Se trata de un patio que data de alrededor del año 1300 en el que se alzan típicas casas al estilo Amsterdam. El Begijnhof (patio de beguinas) tiene una historia fascinante en la que se incluyen numerosos acontecimientos relevantes, una hermandad católica e incluso milagros. Las mujeres que se unían a la hermandad católica se llamaban begijnen (beguinas). Eran mujeres que vivían como monjas pero no habían tomado los votos; cuidaban de los enfermos y ofrecían educación a los pobres. Vivían según sus propias reglas y, por ejemplo, podían abandonar la hermandad para casarse.


Diamantes. Amsterdam es también conocida como una “ciudad de diamantes”. Desde que se introdujo al comercio de esas piedras preciosas en el siglo XVI, ha sido albergue de las piezas más bellas y costosas, como el legendario Cullinan, el más grande que se ha encontrado jamás, y el Koh-INoor, que fue pulido para las gemas de la Corona Británica en 1852. Después de la Segunda Guerra Mundial casi no quedó nada, con la desaparición de más de 2 mil talladores de diamantes judíos en los campos de concentración de Alemania y Polonia. Pero el comercio resurgió en las últimas décadas, con las nuevas generaciones de pulidores, y hoy los diamantes holandeses cautivan a los turistas en las demostraciones de tallado en sitios como el Amsterdam Diamond Center, Van Moppes Diamonds, Gassan Diamonds y Coster Diamonds.
Heineken. Otro de los paseos obligados tiene domicilio en Heineken, la que alguna vez fue la fábrica de cerveza más importante de Amsterdam. El edificio tiene casi 140 años e invita a recorrer los antiguos equipos utilizados en la elaboración de la malta, así como las últimas tecnologías de embotellamiento y destilación. Aunque la experiencia no termina allí. Sobre una cinta transportadora se emula la experiencia de ser una botella de cerveza, pasando por cada etapa del proceso, desde que está vacía hasta que se encuentra lista para beber. Al pasar por los viejos silos donde se guardaba el trigo, es recomendable detenerse en el grosor de las paredes y apreciar el trabajo involucrado en la edificación de la fábrica.
Barrio Rojo. Llega un momento en que Amsterdam, adentrándose por un boulevard hacia el centro de la ciudad, comienza a poblarse de estatuas eróticas y sex shops. Señal de que se ha cruzado la frontera hacia el Barrio Rojo. Allí las autoridades holandesas permiten ejercer la prostitución en forma legal y se ha convertido en toda una atracción turística merodear frente a los ventanales, coloreados por luces de neón y habitados por mujeres tan pacientes como profesionales. La seguridad del paseo está garantizada por policías y agentes privados, y el ambiente dista de ser hostil.


Coffee shops. Pero el Barrio Rojo es tan sólo una de las alternativas nocturnas. La ciudad posee decenas de bares y pubs originales del siglo XVII en los cuales se saborean cervezas y ginebras tradicionales. Además, pueden visitarse los célebres coffee shops, que en sus menús incluyen bebidas y repostería con marihuana o hachís como sus ingredientes. En estos días, el nuevo gobierno federal de centroizquierda suprimió el carné de socio para fumar hachís en los coffee shops del país, pero mantiene la obligación de residir en Holanda para todos los clientes. Sin embargo, en Amsterdam los turistas podrán seguir entrando y consumiendo sin problemas. Vale recordar que en mayo de 2012 en las provincias del sur de Holanda comenzó a regir la prohibición de consumir marihuana en los mencionados bares y que para 2013 la normativa iba a comenzar a regir en Amsterdam. La mencionada medida obligaba a los coffee shops a convertirse en clubes privados con un máximo de 2 mil socios y que asimismo debían demostrar que eran residentes legales en el país. De los siete millones de visitantes anuales a Amsterdam, un millón y medio acude a estos locales por diversión, consumo o simple extrañeza. La ciudad suma 220 coffee shops, un tercio del total nacional, y algunos barrios cerca de la estación han tardado 20 años en sacudirse la criminalidad asociada al tráfico de marihuana.


El primer bar gay. Entre los sitios más extravagantes, al tope de la lista podría ubicarse el primer bar gay de la historia. El lugar data de 1927, un siglo después de que la homosexualidad se despenalizara en Amsterdam a principios del siglo XIX. Por ello, la holandesa es también la capital gay de Europa. El bar incluye un sector de exhibiciones, con los detalles de su historia. Hasta Amsterdam cuenta con el primer y único monumento dedicado a los homosexuales que murieron asesinados por los nazis. Se inauguró en 1987, y se halla próximo a la iglesia del oeste, la Westerkerk. Está compuesto por tres triángulos rosas de granito, simbolizando el signo que debían llevar los gays en los campos de concentración.
La fachada y la calle más estrechas. El anillo de canales de Amsterdam está salpicado por varias casas extrañamente angostas. Una de las más populares se sitúa en el número 7 del canal Singel, considerada por muchos la casa más estrecha del mundo. Con un ancho de tan solo un metro, es poco más vasta que su propio portal. Para ser justos, hay que decir que en realidad se trata de la fachada posterior de una casa. La entrada es un poco más ancha. Por lo tanto, sería más preciso decir que la casa de Singel 7 es la que tiene la fachada más estrecha del mundo. Por otra parte, con sus escasos 100 centímetros de ancho, la Trompettersteeg es la calle más angosta de Amsterdam. Se encuentra en el distrito de Wallen, y las prostitutas posan tras sus ventanas a ambos lados de la calle.


Mercado de Flores. Al tomar la calle Koningsplein, cerca del canal Singel, nos topamos con el Bloemenmarkt, más conocido como el Mercado de Flores, el lugar en el que los tradicionales tulipanes se extienden hasta donde alcanza la vista. Originalmente hasta allí acudían botes cargados de flores, por lo que se convertía en una auténtica fiesta de colores.


Mercados populares. Son más de veinte localizaciones que concentran puestos en la calle, la mayoría ofrece el abastecimiento básico para el hogar, pero también se encuentran casetas con arte, anticuarios, libros, ropa de segunda mano, música, artesanías, comidas típicas y músicos. El más grande –con más de doscientos puestos– es el Albert Cuypmarkt que cuenta con más de 100 años. Aparte de las mercancías que se exponen en estos lugares se puede tomar contacto con los auténticos ciudadanos de Amsterdam.


Tentempié. El lugar indicado para dar con un delicioso tentempié es Febo: desde sabrosas patatas fritas con salsa hasta queso frito, un hot dog de carne picada o una croqueta. Por supuesto que es probable encontrar todos estos productos en cualquier otro bar de Amsterdam, pero Febo es el único donde se pueden sacar de la pared. Son muchos los turistas que se quedan mirando con asombro el “cajero de tentempiés”. Tras introducir las monedas en la ranura, no tiene más que abrir el compartimento acristalado para probar un tentempié recién hecho.


Quesos. El queso es un producto muy importante en Holanda y, naturalmente, también en Amsterdam. La economía del país y de su capital gira en torno a sus principales productos de consumo para exportación como flores, queso y cerveza. Pero Holanda no es un país homogéneo. Cada región tiene un sabor y un ambiente particular. El queso es un ejemplo perfecto: Holanda exporta 9 mil millones de dólares anuales de este alimento, y la variedad producida es inmensa. Amsterdam posee muchas y buenas queserías en cualquiera de sus barrios. Probablemente la más famosa de todas sea Reypenaer (en el canal Singel), una pequeña empresa con tienda propia y una zona de degustación y cursos sobre quesos en el sótano del edificio.

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