por Silvina Batallanez / Fotos: EFE
La primer visita oficial del presidente estadounidense a la África Subsahariana denotó un efecto simbólico que trascendió aquellos que sembraron sus predecesores al visitar ese territorio. Su condición afroamericana fue lo más festejado. No obstante, también comunicó que Estados Unidos está dispuesto a ayudarlos pero que no avalará la corrupción a la que se someten los gobiernos, perpetuando así el sufrimiento de sus habitantes.
Para Barack Obama la visita a Ghana que realizó entre el 11 y 12 de julio, ha sido especialmente significativa, pero no solo para él y su familia, sino también y especialmente para los africanos y aquellas personas del Tercer Mundo que aun miran con asombro como un hombre perteneciente a una de las razas más castigadas de los últimos siglos, ha logrado elevarse hacia el trono presidencial del país más poderoso de la Tierra.
El hecho de que fuera Ghana el "elegido" de la África Subsahariana tuvo la pretensión de mostrar algo más que su afinidad por la vida en ese continente o una visita que responda a una solidaridad fraternal políticamente correcta con sus orígenes. Ya en su anuncio sorprendió al mundo, pues se esperaba por lógica, que fuera Kenia, de donde era su padre y donde tiene hermanos y primos. Pero tal disposición estaría basada en el deseo del gobierno de Estados Unidos en mostrar al resto de África (y el mundo) que el país del norte responde amistosamente a aquellos que se esfuerzan por defender la estabilidad democrática y el desarrollo a partir de estaa; un guiño o advertencia geopolítica que remarca su política exterior. El largo y emotivo discurso fue contundente: “Tenemos que empezar por la simple premisa de que el futuro de África depende de los africanos. Digo esto conociendo muy bien el trágico pasado que tuvo esta parte del mundo. Es que yo tengo la sangre de África en mí y en mi familia..., la historia de mi propia familia abarca las tragedias y los triunfos de la historia africana”.
La emotividad en el discurso de Obama hizo surgir un sentimiento colectivo de esperanza capaz de redimir el desasosiego de tantas generaciones maltrechas por la esclavitud y toda falta de derechos civiles y humanos. Su postura fraternal lo ubicó como un paradigma a imitar: un triunfador entre los menos favorecidos. La apelación a su biografía, a través de las experiencias de sus más cercanos antepasados le dió a Obama, la autoridad confiable y amena de la que gozan los familiares que han sabido hacerse respetar. “Algunos de ustedes deben saber que mi abuelo era cocinero de los ingleses en Kenia y que aunque era un respetado anciano de su tribu, sus patrones le decían ‘chico’... El colonialismo no fue para él apenas la creación de fronteras antinaturales o injusticias económicas, era algo que se vivía personalmente, día a día, año a año. Mi padre creció cuidando cabras en una aldea ínfima, a una distancia imposible de las universidades norteamericanas donde un día iba a estudiar. El se hizo hombre en un momento de extraordinaria promesa para África. Las luchas de la generación de su padre darían vida a nuevas naciones, comenzando aquí mismo en Ghana...” expresó ante los miles de ghaneses orgullosos de que les hable “uno de los suyos”.
No obstante, esa autoridad casi filial de la que goza no solo la utilizó para elogiar los progresos políticos de ese país y algunos de sus vecinos, sino que se atrevió a poner el foco en algo que muchos piensan y casi nadie se anima a decir sobre la realidad africana de los últimos años. En su discurso quedó en evidencia que él cree que África necesita ayuda, sin embargo adhiere a la idea de que en ella misma reside la posibilidad de subsanarse.
Después de los sangrientos episodios que se cobraron la vida de millares de personas, la mutilación y exilio atroz de otras tantas, la corrupción in crescendo, la piratería marítima en boga y el hambre cada vez más arraigado, el continente negro necesita abolir el papel de víctima que subestima sus potenciales. Sobre esto, las palabras de este descendiente de kenianos no pudieron ser más esclarecedoras: “Cuando se tiene un genocidio en curso en Darfur o terroristas en Somalia, no sólo se trata de problemas africanos; son desafíos lanzados a la seguridad internacional que reclaman una respuesta internacional”. Pero también expuso: “En muchos lugares, las esperanzas de la generación de mi padre dejaron lugar al cinismo, hasta a la desesperanza. Es fácil señalar y culpar a otros por los problemas. Cierto es que el mapa colonial que no tiene sentido ayuda a crear conflictos y que Occidente muchas veces se aproximó a Africa como un patrón o como un donante, no como un socio. Pero Occidente no es responsable por la destrucción de la economía de Zimbabwe en los últimos diez años, o por las guerras donde se reclutan niños por la fuerza como soldados. En vida de mi padre, el tribalismo, el clientelismo y el nepotismo de una Kenia ya independiente arruinaron su carrera por muchos años, y sabemos que ese tipo de corrupción es un hecho cotidiano para demasiada gente...”
La elección de Ghana, también arrastra otro efecto simbólico que refuerza el mensaje de su discurso proclive a impulsar al continente hacia un autodominio. Para ello se apoyó en el ímpetu e iniciativa que demostró este país al ser el primero de África en independizarse de la potencia colonial, el 6 de marzo de 1957. Desde entonces vivió una historia política oscura durante más de tres décadas, en las que se produjeron seis golpes de estado y se vivieron largas dictaduras militares. Sin embargo, el país parece haber entrado en un periodo de estabilidad democrática desde 1992 y el pasado diciembre se formó su quinto gobierno legítimo, elegido en comicios libres.
En la actualidad, a pesar de su extrema pobreza, (el gobierno de Ghana recibe el 16 % de su PBI y el 73 por ciento de su presupuesto oficial proviene de donantes extranjeros), es junto a Sudáfrica un ejemplo de logros políticos y democráticos. Ambos vieron entregar el mandato presidencial de manos de un representante de un partido a otro. Algo de esa convivencia de diferencias quedó plasmado en la bienvenida a Obama. En el palacio de gobierno estaba esperándolo el actual presidente Johan Atta-Mills, pero también sus predecesores Jerry Rawlings y John Kufuor. El estadounidense supo loar esa demostración diciendo: “Para realizar las promesas, tenemos que admitir una verdad fundamental que ustedes ya vieron en Ghana: que el desarrollo depende del buen gobierno. Que es el ingrediente que viene faltando en demasiados lugares. Que es el factor de cambio que puede liberar el potencial de Africa. Y que es una responsabilidad que sólo puede ser tomada por africanos…Los gobiernos que respetan la voluntad de sus pueblos, que gobiernan por consenso y no por coerción son más prósperos, más estables y más exitosos que los gobierno represivos. Y se trata de algo más que de tener elecciones. También se trata de lo que ocurre entre elecciones. La represión puede tomar muchas formas y en muchas naciones, también entre las que tienen elecciones, hay problemas que condenan a los pueblos al hambre. Ningún país puede crear riqueza si sus líderes explotan la economía para enriquecerse. O si la policía puede ser comprada por los narcos. Ninguna empresa va a invertir en un país donde el gobierno le exige pagar el 20 por ciento, o donde el administrador de puertos es corrupto. Nadie quiere vivir en una sociedad donde el imperio de la ley cede ante la brutalidad y la coima. Eso no es una democracia, es una tiranía, aunque cada tanto tengan elecciones. Es hora de que termine este tipo de gobierno...A lo largo de Africa vemos innúmeros ejemplos de pueblos que toman el control de sus vidas e introducen cambios desde abajo. En Kenia, la sociedad civil y los empresarios se unieron para sofocar la violencia postelectoral. En Sudáfrica, casi 80 por ciento de la población votó en las últimas elecciones, que fue la cuarta desde el fin del apartheid. Y en Zimbabwe, la Red de Apoyo Electoral desafió una represión brutal para sostener que el voto es un derecho sagrado. La historia está del lado de estos valientes africanos, no de los que dan golpes o cambian la Constitución para seguir en el poder. Africa no necesita caudillos, necesita instituciones.. Y aquí hay algo que ustedes necesitan recordar: el mundo será como ustedes lo hagan. Ustedes tienen el poder de pedir cuentas a sus líderes y de construir instituciones que sirvan al pueblo. Ustedes pueden servir a sus comunidades y canalizar sus energías para crear riqueza y conectarse con el mundo. Pueden vencer las enfermedades y terminar guerras, y pueden crear cambios desde abajo. Se puede, porque en este momento la historia se está moviendo.”
Las palabras de Obama fueron muy claras y se ganaron incluso la antipatía de gobiernos como el de Sudán. Lo importante es que su tono esperanzador envolvió las heridas frescas de un África en constante crisis. Habrá que esperar para ver si lo expuesto por Obama es más que una promesa de super héroe.
Fuente: EFE, The Independent, Reuters.
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