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Miércoles 21 de Marzo de 2012

Diego Rivera

Murales para el Museo de Arte Moderno

por Florencia Rolón / Fotos: Gentileza MoMA

Incluye lienzos creados por el artista hace 80 años ex profeso para esa sala de exhibición, así como dibujos a gran escala y de mediano formato. También materiales de archivo relacionados tanto con el encargo de los “murales portátiles” como con el mural del artista mexicano en el Rockefeller Center de Nueva York. Los murales portátiles de Rivera son exhibidos por primera vez desde que fueron presentados en la institución neoyorquina, entre 1931 y 1932, lo que generó un récord de asistencia para las exposiciones presentadas hasta entonces en ese recinto. Ocasión ideal para contemplar facetas clave en la trayectoria del pintor antes de la exposición, que subraya su impacto inmediato en los debates en Estados Unidos acerca del valor político y artístico del arte popular.

En diciembre de 1931, The Museum of Modern Art (MoMA) montó una gran exposición con obras del artista mexicano Diego Rivera. Era la segunda retrospectiva en el museo y atrajo a un público muy numeroso, rompiendo récords de asistencia durante las cinco semanas que duró expuesta. Rivera ya gozaba de prestigio internacional. Era la figura más conocida del muralismo mexicano, movimiento de arte popular a gran escala que surgió en los años 20, al término de la Revolución mexicana. Sin embargo, sus murales –por definición fijos a un solo sitio– resultaban imposibles de transportar para la exposición. 

 

Con el propósito de solucionar este problema, el museo trasladó a Rivera a Nueva York seis semanas antes de la inauguración de la muestra y le proporcionó un estudio improvisado en una galería vacía. Ahí, Rivera creó cinco “murales portátiles” –frescos transportables que conmemoraban episodios de la historia de México–, los cuales ocuparon un lugar de relevancia en la retrospectiva. Después de la inauguración, celebrada entre enorme revuelo publicitario, Rivera realizó tres murales más inspirados en temas del Nueva York contemporáneo que expresó a través de imágenes monumentales de la ciudad durante la Gran Depresión. 

 

En Diego Rivera: Murals for the Museum of Modern Art, que se presentará hasta el 14 de mayo, se podrán admirar los ocho murales móviles que el artista diseñó especialmente para el MoMA, así como otras obras y proyectos de Rivera provenientes de la colección permanente del museo y de colecciones privadas de Estados Unidos y México, como los dibujos y borradores del célebre mural creado para el Rockefeller Center que fue ocultado y luego destruido. La historia de esta comisión extraordinaria revela el papel fundamental de Rivera en los debates acerca de la influencia social y política del arte popular durante un período de crisis económica. 

 

 

Postales del desembarco

 

El 7 de noviembre de 1929, el MoMA abrió sus puertas en Nueva York. Los amigos de Rivera, Alfred H. Barr, Jr. y Jere Abbott, fueron nombrados director y subdirector de la naciente institución, respectivamente; Abby Aldrich Rockefeller, importante coleccionista de la obra de Rivera, fue una de las fundadoras. En un folleto del museo publicado por esos años, Barr describió el propósito del establecimiento de coleccionar y exponer a “los maestros vivos más importantes, especialmente de Francia y Estados Unidos, aunque, de cuando en cuando, deben incluirse grupos representativos de Inglaterra, Alemania, Italia, México y otros países”. Seis meses después de la inauguración del MoMA, Paine escribió a Rivera para informarle que los directores del museo se mostraban entusiasmados ante su próxima exposición individual.

 

Diego Rivera y su esposa Frida Kahlo arribaron a San Francisco el 10 de noviembre de ese año para abordar el trabajo en el mural del Luncheon Club, restaurante del nuevo edificio de la Bolsa de Valores de San Francisco. La pareja fue recibida con una exposición de la obra de Rivera en el California Palace of the Legion of Honor, era su primera exposición a gran escala en Estados Unidos. Rivera terminó los diseños para el mural en el Luncheon Club, Alegoría de California, en diciembre. Durante la primavera del año siguiente, finalizó un pequeño mural en el hogar de Sigmund y Rosalie Stern en Atherton, California, y un gran mural en la California School of Fine Arts (hoy, San Francisco Art Institute).

 

En octubre de 1930, se inauguró la exposición Mexican Arts en The Metropolitan Museum of Art en Nueva York. Mezcla de piezas prehispánicas, coloniales y modernas, divulgó el muralismo mexicano a través de obras de Rivera, José Clemente Orozco y Siqueiros, e incluyó el primer mural portátil de Rivera, Escena de mercado, comisionado por Elizabeth Morrow como regalo para su esposo Dwight Morrow.

 

El 2 de julio de 1932, un día antes de marchar a México, el agente de Rivera, Flynn Paine, escribió a Barr. Su interés se cifró en la próxima exposición del pintor mexicano en el MoMA; sin embargo, mencionó otro posible proyecto en Nueva York para el artista: “Sostuve una conversación muy satisfactoria con el señor Raymond Hood para hablar más acerca de los frescos en el Radio Center”. Hood, principal arquitecto a cargo de la planificación de Radio City (hoy conocido como el Rockefeller Center), propiedad de John D. Rockefeller Jr., inicia el proyecto en los últimos días de ese mes.

 

En anticipación al arribo de Rivera a Nueva York, sus asistentes prepararon un estudio improvisado en el sexto piso del edificio Heckscher y empezaron a construir las estructuras metálicas que sirvieron de soportes para sus murales portátiles. El SS Morro Castle ancló en Nueva York el 13 de noviembre, trayendo de México a Rivera, Kahlo, Paine y Ramón Alva Guadarrama, el asistente de Rivera. Al día siguiente, el New York Herald Tribune describió la emoción del artista a su llegada: “A medida en que el buque se aproximó al Battery, él se mostró como un auténtico neoyorquino que regresaba a casa”.

 

Durante las seis semanas siguientes, Rivera y sus asistentes trabajaron de manera incansable en los tableros al fresco que serían las piezas centrales de su exposición. Finalmente, el 23 de diciembre de 1932 se inauguró la retrospectiva de Rivera en el MoMA; reunía 149 piezas así como cinco murales portátiles con temática mexicana. Pocos días antes de la apertura, The New York Times calificó a la muestra como el “evento sobresaliente para esta semana”. La exposición inspiró un alud de cobertura de prensa.

 

El 6 de enero, Rivera develó tres murales portátiles adicionales en la prestigiosa institución, ahora el tema se centraba en Nueva York; estas obras nuevas generaron otra oleada de prensa acerca del artista y de la exposición. A medida en que crecía el perfil público de Rivera, también aumentaron las controversias acerca de su postura política e influencia en Estados Unidos. Escritores, artistas y periodistas de izquierda condenaron vigorosamente su colaboración con los capitalistas de Norteamérica. No sorprendió que también surgieran quejas de la derecha. En el número de marzo de Creative Art, el crítico conservador Henry McBride desdeñó los tableros más recientes de Rivera, diciendo que son “los frutos de demasiadas lecturas de los periódicos comunistas en el tren (a Nueva York)”.

 

 

La polémica con los Rockefeller

 

Rivera y Kahlo arribaron a Nueva York en marzo de 1933, preludiados por los boletines de prensa del Rockefeller Center. El pintor pronto puso manos a la obra en su mural, Hombre en el cruce de caminos, en el edificio de la RCA. Según los asistentes de Rivera, Abby y Nelson Rockefeller seguían de cerca los avances del fresco, imperturbables ante la poderosa carga política del tema. No obstante, cuando el 24 de abril el New York World-Telegram publicó el encabezado: “Rivera perpetra escenas de actividad comunista en los muros de la RCA, y Rockefeller Jr. paga la cuenta”, la familia se sintió obligada a reaccionar.

 

El 4 de mayo, Nelson Rockefeller escribió al artista para solicitarle que retire el detalle en el mural que más atrapaba la atención de los críticos: un innegable retrato de Vladimir Lenin. Rivera se rehusó. Los medios volcaron su atención sobre la discordia. Sin intención alguna de ceder ante la negativa del pintor de retirar el retrato ofensivo, los administradores de la RCA despidieron a Rivera el 9 de mayo y sus murales pronto se cubrieron.

 

Pocas horas después de divulgarse el cese de Rivera, una multitud de indignados se reunió en las afueras del edificio de la RCA. En los días siguientes, los Rockefeller recibieron un centenar de cartas de todo el país, algunas alabando el despido de Rivera, otras implorando que se le permita completar el mural. Por razones que permanecen inciertas, fracasó el trato fraguado a puerta cerrada por Nelson Rockefeller y otros de trasladar el mural de Rivera al MoMA; y la obra fue destruida durante el fin de semana del 10 y 11 de febrero de 1934.

 

Diego Rivera: Murals for The Museum of Modern Art se exhibe hasta el 14 de mayo. MoMA, 11 W. 53 St., Nueva York.

www.moma.org

 

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