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Viernes 21 de Diciembre de 2012

Japón

Economía en manos femeninas

/ Fotos: Yukio Sakamoto / Takeshi Kawahira / Hajime Shoji

Por un lado la recesión económica mundial –que generó una crisis de empleo importante– y por el otro las devastadoras consecuencias del terremoto y del tsunami acaecidos en marzo de 2011 provocaron ciertos cambios positivos en la sociedad japonesa. La irrupción de mujeres emprendedoras en el mercado laboral es uno de ellos, con el desafío de soslayar la influencia de una cultura patriarcal y de desactivar el rol tradicional del hombre como jefe de hogar. Viajamos al país del sol naciente para conocer de cerca las transformaciones que se están dando.

Disconforme con quien fue su empleador durante cinco años, la japonesa Chikako Harada, de 34, renunció hace tres meses y acaba de empezar un nuevo trabajo en una gran empresa de ventas por internet. “Saber inglés me resultó una ventaja en el difícil mercado laboral de Japón”, explicó. Harada puede no ser la norma entre las mujeres que trabajan, aunque según expertos refleja la nueva determinación de las jóvenes japonesas de abrirse camino con flexibilidad en un mercado complejo.

 

“Las mujeres de 20 y 30 años están redefiniendo el viejo modelo laboral que rendía culto al empleo de por vida en un mundo corporativo dominado por hombres. Al poder manejar diferentes empleos, las mujeres están insuflando nuevas ideas a un débil mercado laboral”, expresó Midori Ito, director del Centro de Acción para las Mujeres que Trabajan. Mientras Japón afronta un creciente desempleo, con empresas que prefieren contratos a tiempo parcial para combatir la recesión económica, las mujeres emergen como modelos importantes, destacan varios especialistas en asuntos laborales.

 

Fumio Ohtake, quien investiga estos temas en la Universidad de Osaka, expuso que la crisis del empleo ha centrado la atención en los perfiles convencionales del trabajo femenino, marcados por la clase de flexibilidad que puede combatir la reducción de oportunidades laborales. “En el mundo corporativo dominado por los hombres, las trabajadoras comúnmente fueron relegadas a puestos marginales. Es tiempo de evaluar la vieja imagen y aprender una lección a partir de cómo las mujeres adaptan sus carreras para sobrevivir”, advirtió Ohtake.

 

La ley de igualdad de oportunidades de Japón, que data de 1985, raramente se invoca, y las empresas continúan aplicando prácticas discriminatorias con impunidad. En consecuencia, Japón es clasificado como el más desigual de los países ricos en materia de género, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. El sistema de empleo de por vida, visto como la pieza clave del milagro económico de la posguerra en Japón, favoreció a los hombres en base a su rol tradicional de jefes de hogar.

 

Pero mientras las empresas se ven obligadas a hacer recortes en medio de una prolongada recesión, el mercado laboral tradicional es reemplazado por empleos a tiempo parcial o por contratos a término, en los cuales las mujeres pueden tener mejores posibilidades. De hecho, las nuevas oportunidades laborales surgidas en los últimos años han sido, en su mayoría, de tiempo parcial, y los empleos por contratos ahora absorben a casi el 34% de los 63 millones de personas que integran la fuerza laboral de Japón. Las mujeres constituyen el 70% de los empleos de tiempo parcial, principalmente como trabajadoras domésticas y en restaurantes en donde se paga por hora y los beneficios son escasos.

 

Consciente de la creciente ansiedad pública en torno al empleo, el gobierno se comprometió en el pasado agosto a examinar la situación de quienes trabajan a tiempo parcial y de modo irregular, con la mira puesta en hacer que las empresas ofrezcan empleo de tiempo completo para quienes integran su plantilla desde hace más de cinco años. En octubre, Japón también elevó el salario mínimo a siete dólares por hora, en un intento por mejorar los ingresos de los trabajadores de tiempo parcial. No obstante, los expertos criticaron las nuevas medidas, por considerar que son poco sistemáticas y que no apoyan cambios a largo plazo en el mercado laboral.

 

Durante mucho tiempo, Ito hizo campaña a favor del “trabajo decente”, un concepto internacional que exige que el empleo respete los derechos de los trabajadores. Ito cree que la crisis del empleo puede convertirse en un catalizador para que tanto trabajadores como trabajadoras lleven vidas estables y estén conformes. “Mujeres más jóvenes, como Harada, con su determinación de encontrar nuevos trabajos, evidencian el deseo de las mujeres solteras –y ahora de cada vez más hombres jóvenes– de afrontar el riesgo del desempleo desarrollando una nueva ética y estándares laborales”, sostuvo.

 

Yoshiko Otsu, directora de la Sociedad de Mujeres Trabajadoras, una organización que brinda apoyo a mujeres que se emplean a tiempo parcial, admitió la necesidad de que se concreten esos cambios para hacer frente a las dificultades, que cada vez son más. “La situación actual es difícil para las trabajadoras, las vuelve vulnerables. El gobierno debe apoyar a las mujeres que quieren liberarse de las cadenas tradicionales, pero las nuevas leyes que prometen obligar a las empresas a darles trabajos de tiempo completo no son realistas”, manifestó.

 

La organización de Otsu investiga cada día cientos de casos de empleadas contratadas que se quejan de salarios impagos y de acoso sexual y abusos de poder por parte de sus jefes. Otsu criticó las nuevas regulaciones gubernamentales, ya que a partir de estas las empresas pueden fácilmente poner fin a los servicios de sus trabajadoras antes de completar cinco años, lo que volvería aún más insegura la situación de las mujeres en el mercado laboral. Aunque no se han registrado estadísticas concretas sobre las mujeres, los datos existentes que aportan investigadores resaltan que ellas están empezando a liderar el nicho de oportunidades en el trabajo comunitario.

 

Esto cree Miki Hara, propietaria de Drop, una empresa sin fines de lucro con sede en Yokohama, que ofrece servicios a madres con hijos pequeños. “Mi propia experiencia prueba que es posible ser económicamente independiente siendo innovadora. La idea de iniciar una compañía que brindara espacio a quienes acababan de ser madres y a sus hijos para hacer cosas juntos se me ocurrió luego de que el aumento de la deuda pública derivó en nuevas políticas oficiales que reconocieron que los burócratas solos no podían solucionar los problemas comunitarios. Hemos aprendido a mantenernos a nosotras mismas”, ejemplificó. Actualmente, Drop emplea a cinco trabajadoras de tiempo completo y a más de 30 a tiempo parcial. Y aunque las cosas no son fáciles, Hara consiente que su empresa desempeña un rol pionero en el trabajo comunitario.

 

Las que luchan contra los efectos del tsunami

 

Yumiko Yonekura, sobreviviente del terremoto y del tsunami que devastaron el 11 de marzo de 2011 a la ciudad de Tohoku, lanzó Hot Care Kesenuma, una compañía que dedica atención especial a adultos mayores. “La idea de comenzar con mi propio emprendimiento surgió cuando me encontraba en el centro de evacuación, luego del desastre. La gente empezó a ayudarse entre sí para sobrevivir, y esto me estimuló a colaborar con la devastada comunidad”, contó.

 

Yonekura, de 52 años, ahora vive en Kesenuma, donde hubo 1.300 muertos y desaparecidos luego del terremoto y tsunami. Ese día, olas de hasta 30 metros de alto dieron contra los poblados y las aldeas de la costa de la prefectura de Miyagi, unos 200 kilómetros al noreste de Tokio. Las prefecturas de Miyagi, Iwate, Fukushima, Akita, Aomori y Yamagata conforman la región de Tohoku, la más afectada por el desastre natural y la consecuente crisis en la central nuclear de Fukushima Daiichi.

 

La economía de Tohoku ya estaba deteriorada antes de la catástrofe, lo que causó una constante emigración de su población más joven y educada a las ciudades, dejando atrás a adultos mayores dedicados a la pesca y a la agricultura. Yonekura necesitó armarse de coraje para iniciar su empresa y ganarse el respeto de los hombres en esta zona donde impera la cultura patriarcal y en la que el promedio de edad es de 65 años.

 

Tradicionalmente, las mujeres de Tohoku, una región con un clima duro, ayudaban con las tareas pesadas de la agricultura y la pesca. Ahora, “con más tiempo fuera de sus agotadoras tareas, las campesinas se expresan, buscan nuevos trabajos para mantener a sus familias y asumen el liderazgo de la recuperación”, enfatizó la profesora Akiko Nakajima, especialista en arquitectura y género de la Universidad Wayo de Mujeres, en la ciudad de Chiba, ubicada en la provincia del mismo nombre. También mencionó a organizaciones femeninas en Tohoku y al grupo de presión por la recuperación con equidad de género de Tokio, que se unieron para participar en las campañas contra la energía nuclear tras el desastre.

 

Yuko Kusano, de la red Jo-Net, que apoya a mujeres sobrevivientes del desastre, indicó que el caso de Yonekura es un ejemplo de que las catástrofes como la de Fukushima pueden potenciar a las mujeres. “La pérdida de familiares, empleos y hogares llevó a las mujeres de Tohoku a repensar sus roles tradicionales, que las reducían a esposas y madres”, declaró Kusano, quien brindó el respaldo inicial a Yonekura.

 

En la actualidad las mujeres se enfrentan al desafío de tener ingresos estables. Los expertos denunciaron que la mayoría de los trabajos disponibles en Tohoku para ellas son de tiempo parcial, por ejemplo en proyectos de reconstrucción o como oficinistas. Grupos de mujeres advirtieron que las más jóvenes, frente a la falta de empleos, se ven obligadas a trasladarse a las grandes ciudades, donde terminan en la industria del sexo.

 

“La estabilidad en una sociedad luego de un desastre puede alcanzarse sólo con una planificación cuidadosa. La educación, el desarrollo de capacidades y, sobre todo, la provisión de espacios para las mujeres, es la forma de alcanzar una recuperación. Vemos un creciente número de mujeres solteras de las áreas del desastre que se suman a nuestras clases con la intención de encontrar nuevos empleos o asegurarse los que ya tienen”, apuntó Hiromi Narita, experta en temas de género y organizadora de seminarios sobre computación y negocios en Miyagi.

 

Temerosas por la salud de sus hijos, las mujeres de Tohoku juntaron fuerzas para reclamar su evacuación y el cierre de todas las plantas nucleares de Japón. “Hasta que ocurrió lo de Tohoku, las políticas de mitigación y protección de desastres de Japón no mencionaban a las mujeres como un sector separado y con necesidades específicas. El cambio, el hecho de tratar al género de forma separada en muchas plataformas oficiales sobre desastres, sentó las bases para que sigamos adelante con medidas todavía más concretas de apoyo a las sobrevivientes”, indicó Akiko Domoto, gobernadora de la prefectura de Chiba, en los suburbios de Tokio.

 

Domoto, una de las primeras gobernadoras de Japón, es conocida por defender los derechos de las mujeres y la salud. Una iniciativa clave en el marco de la promoción de la igualdad de género en la gestión de desastres es grabar la voz de mujeres de zonas afectadas. “Aprendí muchas lecciones. Mi vida ya no es la misma y ahora soy una persona más fuerte”, confesó Fumie Abe, de 45 años, cuya vivienda de Minami Sanriku fue arrastrada por el tsunami que siguió al terremoto. Abe forma parte de un grupo de 10 mujeres que se reunieron para compartir sus experiencias sobre el desastre y expresar su opinión respecto de la recuperación. Las sesiones de grabación, financiadas por organizaciones locales que abogan por la equidad de género, contribuyeron a que las mujeres rurales aprendieran a manejar una computadora y a utilizar la comunicación digital para documentar y publicitar sus hallazgos.

 

Los datos recolectados por las organizaciones femeninas revelaron, por ejemplo, que sufrieron mucho la falta de privacidad y de seguridad en los refugios, y también la discriminación de género a la hora de lograr ayuda económica y una forma de ganarse la vida. Kyoko Sato, quien perdió todas sus pertenencias por el tsunami, hoy en día mantiene a su familia con un trabajo a medio tiempo como manicurista en una ciudad distante a más de 100 kilómetros. “La vida es increíblemente diferente ahora. A pesar del miedo al futuro, las mujeres aprendemos a expresarnos”, remarcó.

 

Pero aparte de los empleos, las sobrevivientes necesitan urgentemente apoyo emocional luego del sufrimiento y la ansiedad que han padecido. Registros médicos de Tohoku presentan un incremento en las enfermedades cardíacas, la hipertensión y la depresión, debido a la incapacidad de las sobrevivientes a ajustarse a sus nuevas vidas en los centros de evacuación. Las mujeres constituyen la mitad de las 350 mil personas desplazadas por el desastre.

 

Rei Yamaya, consejera del Centro de Mujeres de Morioka, subrayó que las autoridades ignoraban el problema del trauma sufrido por las sobrevivientes: “En la conservadora sociedad de Tohoku, las mujeres rara vez hablan de la depresión o de solicitar ayuda por temor a parecer malas esposas o madres incompetentes”. El grupo de Yamaya abrió cafés para mujeres con el objetivo de erigir espacios donde pudieran hablar sin temor a la discriminación. “Mientras comen algo sabroso con sus hijos, pueden romper el silencio de su sufrimiento”, explicó. El centro se sostiene con financiamiento internacional, lo que denota la falta de apoyo del gobierno federal a los programas de ayuda emocional a las víctimas del desastre. A lo sumo, las autoridades se limitan a exonerar impuestos o crear otros incentivos para atraer inversiones en Tohoku. Además de brindar asistencia médica a adultos mayores, Yonekura prevé también dar servicios de apoyo emocional, dadas las imperiosas necesidades de su comunidad. “Básicamente, las mujeres están comenzando de cero, pues saben que no pueden regresar a sus antiguas vidas. Tenemos que trabajar juntas para aprender a aceptar que un desastre puede ser un cambio para mejor”, afirmó.

 

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