por Federico Lisica / Fotos: John Springer Collection / Bettmann
Fue una de las mayores artistas de todos los tiempos. Niña prodigio y explotada, voz portentosa y cuerpo enfermo, madre cariñosa y esposa fugaz. Su talento sólo se equiparaba con los dramas personales de los que sucumbía y volvía a renacer. El cine la convirtió en estrella y le dio la espalda en más de una ocasión. En sus días ya era un ícono de la cultura gay y en el futuro cercano las marquesinas volverán a relucir su nombre en la biopic interpretada por Anne Hathaway.
Es improbable que la interpretación de Over the Rainbow de Anne Hathaway para Get Happy: The Life of Judy Garland vaya a lograr lo mismo que hace más de 70 años precipitó The Wizard of Oz. Eso que según el American Film Institut -al elegirla la más grande canción de la historia del cine norteamericano- "capturó el corazón de una nación, haciéndose eco por fuera de las paredes de un cine, manteniéndose en nuestra memoria colectiva más allá del filme en sí". "Eso" fue Judy Garland. Sin dudas, la biopic a estrenarse en 2011 servirá para que nuevas generaciones conozcan a una de las mayores artistas del siglo pasado, si bien una parte de la cultura la sigue teniendo muy presente. En diciembre pasado una encuesta de OnePoll la eligió el mayor ícono gay de la historia (su hija Liza obtuvo el quinto puesto). Tuvo una vida llena de derroche, sinsabores, sueños, hombres, adicciones y talento; casi un paralelo con la de otra figura de la canción, Edith Piaf. Los 47 años de ambas -y que parecían más de 80- marcaron su despedida e iniciaron la leyenda.
El 10 de junio de 1922 la familia Gumm de Grand Rapids, Minnesota, recibió a su tercera hija mujer. Frances nació allí "casi" por casualidad. Ethel Milne y Frank Gumm se dedicaban al vaudeville y viajaban gran parte del año por varios estados del país. Poco antes habían decidido asentarse en esa ciudad del Midwest en la que Frank regenteaba un teatro. Con dos años de edad, "baby Frances" se subió por primera vez a un escenario como parte del show de las Gumm Sisters. En esa ocasión, como en las siguientes, las miradas no se posaron en Mary Jane (Susie) o Dorothy Virginia (Jimmie), sino en la más pequeña. Como cantaba repetidamente Jingle Bells, su abuela materna la sacó de allí entre llantos y gritos. Ethel tenía el presentimiento de que Frances sería una estrella.
A finales de los 20, la madre y sus tres hijas buscaban nightclubs y hoteles donde presentar su varieté de danza, baile y comedia (llegaron a estar en algunos cortos cinematográficos). Pero un hecho obligó a la familia a mudarse hasta Lancaster, California: Frank se había vuelto célebre en Grand Rapids por sus avances a chicos menores de edad. Prácticamente vivían en su auto y así llegaron a la feria mundial de Chicago en 1934. Las Gumm Sisters actuaban con localidades agotadas, eran parte del desfile por el Children's Day y durante una de sus últimas presentaciones en el Oriental Theater, el actor y maestro de ceremonias George Jessel quedó fascinado con la actuación de Frances. Por el murmullo entre el público al escuchar el nombre del grupo, Jessel le recomendó a la matrona algunos cambios. Las Gumm se tornaron Garland tomando el apellido de un crítico. Frances sería Judy. Le gustaba la sonoridad y la canción titulada así por Hoagy Carmichael.
Un año después su hermana Susie se casó y el grupo quedó disuelto, aunque Ethel todavía guardaba esperanzas en la más pequeña. Le consiguió una audición para MGM en septiembre de 1935. La preadolescente cantó Zing! Went the Strings of My Heart acompañada en el piano por quien sería su guía musical en el estudio, Roger Edens. Se dice que Judy fue la única en ser contratada sin siquiera realizar un screen test. Los 100 dólares semanales eran una panacea para la familia. Casi no pudieron festejar. En noviembre, Judy comentó en un show radial que su padre estaba hospitalizado por un cuadro de meningitis. Al día siguiente falleció.
A la pérdida de su padre, siguió la renuencia del estudio con Judy. No sabía bien qué realizar con la adolescente de voz portentosa aunque con un cuerpo y cara que no se ajustaban a sus patrones de belleza. Hasta decidieron cederla a la Twentieth Century-Fox en la exitosa Pigskin Parade. Nunca más jugaron con su futura mina de oro. Le hicieron cantar en una fiesta homenaje a Clark Gable You Made Me Love You, el mismo tema que interpretó en Broadway Melody, película con la que se volvió a meter en el bolsillo a la industria. El siguiente paso fue colocarla en Thoroughbreds Don't Cry, su primera aparición junto a Mickey Rooney, la dupla más taquillera de la MGM por muchos años. Se pensó que podía interpretar a la hermana de Scarlet O'Hara en Gone with the Wind, pero la productora le dio el visto bueno a Ann Rutherford. Inmediatamente se puso bajo las órdenes de Victor Fleming para una cinta que la marcaría por siempre: The Wizard of Oz.
Por siempre, y a su pesar, Dorothy
Se presume que The Wizard of Oz es uno de los filmes más vistos en la historia del cine por las sucesivas reposiciones televisivas: en 1956, la primera vez que lo pasaron al aire, lo vieron 35 millones de espectadores. Ciertamente su celebridad se corrobora en el sinfín de leyendas posteriores (desde Pink Floyd al "suicidio" de un actor en escena) y su relevancia cultural. No obstante, en el momento de su estreno, y pese al éxito de público y crítica, no llegó a cubrir los altos gastos de producción. Durante la filmación, toda la expectativa de la travesía de la chica de Kansas recayó en alguien que casi no llega a interpretar ese papel. Arthur Freed y Mervyn LeRoy nunca dudaron de que Garland debía ser Dorothy; no pensaba lo mismo Louis B. Mayer que tentó a Shirley Temple y hasta puso sus objeciones para que cantara Over the Rainbow: creía que era muy hondo para una adolescente. Además, aniñaron a Garland haciéndole usar un corset y le recetaban drogas para mantenerla en pie durante el rodaje y las giras promocionales.
Era lógico que tras el suceso del filme -por el que obtuvo un premio Oscar juvenil- no tuviese sus "dulces 16". Al encasillamiento de la "eterna Dorothy" y ritmos de filmación frenéticos, se le sumaba una madre golpeadora que manejaba su dinero como si fuese propio y las dudas personales que terminaban en crisis nerviosas. Ella misma relató a las revistas teens que al colocar sus manos en el teatro Chino para la presentación de Babes in Arms, sus uñas postizas quedaron impregnadas en el lugar. Judy se había comido las reales.
La chica vuelta mujer sorprendió a Hollywood en 1941 cuando se casó a los 19 años con el músico David Rose, tan sólo dos meses después del divorcio de éste con Martha Raye. Un año después quedaría embarazada pero perdió el bebé por un aborto natural (algunos biógrafos hablan del accionar de la MGM para no dañar su imagen virginal). El final del matrimonio se concretó en 1944, al tiempo que se estrenaba su protagónico en Meet Me in St. Louis.
La película mostraba una nueva Garland. Más estilizada. Cuidada desde el pelo, cejas y labios hasta los pies. La repercusión terminó de transformar a "la reina de los musicales" en una diva reluciente. En lo amoroso tuvo un breve flirteo con Orson Welles, luego cayó rendida a las manos de su nuevo escultor, Vincent Minelli, el director de aquella cinta. Se casaron en junio de 1945, y durante la extensa luna de miel de tres meses en Nueva York, Judy quedó embarazada de la única hija de la pareja, Liza. "Creo que decidió pertenecer al show business desde que era un embrión, pateaba tanto...", diría después. La primavera incluyó éxitos en cartelera como el de su primer rol dramático por The Clock -no cantó en todo el filme-, The Harvey Girls -interpretó el tema musical ganador del Oscar-, Easter Parade -uno de los mejores musicales de todos los tiempos donde compartió bailes y canciones con Fred Astaire- y The Pirate -nuevamente bajo las órdenes de su esposo-.
Sin embargo, algo había cambiado en Garland. Su conducta era errática, los trastornos psicológicos cada vez más frecuentes y peores. Sufría delirios persecutorios, alucinaciones, y luego de su internación en un sanatorio intentó cortarse las venas con un vidrio. Al cóctel de píldoras ahora se añadían alcohol y morfina. Los affaires con Yul Brynner y Frank Sinatra fueron el responso para un matrimonio que iba en picada. Por otro lado, MGM la suspendió por su falta de cooperación en The Barkleys of Broadway y Annie Get Your Gun, reemplazándola por Ginger Rogers y Betty Hutton. Summer Stock significó su última aparición para el estudio por el que había dejado todo: la suspensión de Royal Wedding fue la excusa que tuvo la productora para desentenderse del hermoso Frankenstein que había creado.
La mujer sin descanso decidió abandonar, por algún tiempo, la gran pantalla y en 1951 triunfó en el Palace Broadway y el Palladium de Londres. Divorciada de Minelli, su nuevo amor lo encontró en el agente Sidney Luft, demostrando que vida artística y privada para ella eran lo mismo. Y los problemas seguían latentes hasta en sus momentos más felices. No dejó que su madre ("la malvada bruja del Oeste era ella", señaló) conociese a Lorna, su segunda hija, pero quedó devastada con la muerte de Ethel en 1953. Su vuelta al cine se dio en 1954 con la legendaria A Star Is Born, el papel de Vicki Lester sería su renacimiento total. Si bien ganó el Globo de Oro, el Oscar aguardaba... Finalmente fue a manos de Grace Kelly en lo que Groucho Marx llamó "el más grande robo desde el Brinks". Judy no se encontraba en la alfombra roja ese día, la artista estaba en un hospital a punto de dar a luz a su primer hijo varón, Joey.
Dentro de una vida tan tormentosa, era factible que Garland se desentendiese de sus hijos. Sucedió lo contrario. Liza, Lorna y Joey -el único que no se embarcó en el mundo del espectáculo, es fotógrafo- la han calificado, ayer y hoy, como una madre cariñosa, una todo terreno, pese a sus dificultades. A las dos hijas les dio una recomendación: "No canten mis canciones. Sean una versión de ustedes mismas, no la segunda de alguien más". Sólo cumplieron con la segunda parte del mandato, ellas hacen su repertorio como homenaje. A finales de los 50, criaba a sus hijos, se advenían el tercer divorcio y graves problemas financieros -la adicción al juego de Luft, los trabajos que escaseaban-, más una salud bastante resquebrajada y la prensa sensacionalista chisporroteando a su alrededor.
Los años 60 no eran nada prometedores para Garland. Nuevamente sacó a relucir su carnet de Ave Fénix en abril de 1961 con su actuación en el Carnegie Hall. Esa noche entre el público estaban Marilyn Monroe, Julie Andrews, Rock Hudson, Peggy Lee, Mickey Rooney, Lucille Ball, Spencer Tracy y Henry Fonda. El concierto quedó registrado en un disco doble que vendió millones y ganó cinco Grammy. En este siglo la biblioteca del Congreso lo incluyó en el National Recording Registry y el cantautor Rufus Wainwright lo versionó demostrando su vigencia. El cine le guardaba una golosina de sabor amargo. Por su rol secundario en Judgment at Nuremberg recibió su última nominación al Oscar. Esta vez fue para Rita Moreno, inmortalizada en West Side Story.
El show business se mudaba a la TV y también lo hacía Judy con sus especiales para la pantalla chica y su programa en la CBS. Pese a los altos índices de audiencias, sólo pudo verse por una temporada. Dejó sus apariciones en un blanco y negro plateado con su hija Liza, Barbra Streisand, Nat King Cole y Count Basie. Tras el show, seguía con sus cuentas en rojo (el IRS llegó a subastar su casa). La espiral de drogas y alcohol le pasaría factura. Se la vio cantando en nightclubs, algunos de dudosa categoría, y trabajando noche tras noche para poder mantenerse a flote.
En 1965, se casó con Mark Herron. El matrimonio con el joven actor, hombre que no había salido del todo del armario, duró algunos meses. Quisieron convencerla para un papel, muy parecido al de su propia vida, en Valley of Dolls. Sin embargo, la actriz decidió dar marcha atrás. Prefería pasar sus días con su quinto esposo Mickey Deans, el promotor de varios locales nocturnos londinenses, haciendo sombreros. "No hallé la felicidad hasta que conocí a Mickey", sentenció en su última entrevista a una radio danesa en marzo de 1969. Su voz parecía ida, le costaba encontrar las palabras, aunque todavía se sentía orgullosa de que la viesen hermosa. El 21 de junio de ese año, Deans la halló muerta en el baño de su apartamento. La ingesta de píldoras había sido letal.
A su funeral acudieron más de 20 mil personas. A pocas semanas del hecho sucedieron las revueltas de la comunidad gay en el barrio neoyorquino de Stonewall que la tuvieron como bandera. Su cuerpo tardó más de un año en ser enterrado y Liza juntó fondos para su tumba final. Todavía se recuerda que el día de su fallecimiento hubo un tornado en Kansas.
Judy por Garland
"Cuán extraño es cuando muere una ilusión. Es tan duro como perder un hijo."
"Hollywood es un lugar extraño si estás en problemas. Todos creen que es contagioso."
"Quise creer y traté malditamente de creer en atravesar el arco iris y no pude. ¿Y qué? Mucha gente no puede."
"Soy una mujer que quiere alcanzar y tomar a 40 millones de personas en sus brazos."
"Si soy una leyenda, ¿entonces por qué estoy tan sola?"
(Cuando un reportero le preguntó sobre su estatus en la comunidad gay) "No me podría importar menos. ¡Yo canto para la gente!"
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