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Lunes 13 de Febrero de 2012

Kate Beckinsale

De otro mundo

por Gonzalo Paz / Fotos: Ronald Goldenberg / Suzanne Brindle / Sam Peters

El rostro –y el cuerpo– más reconocible de la saga Underworld regresa para interpretar el personaje que la volvió célebre: Selene, la vampiresa más mortal, sensible y sexy de toda la comarca de filmes con colmillos y garras. Versátil, clásica y temible, tras un impasse laboral de tres años, en este 2012 Kate Beckinsale regresa con los dientes bien afilados. Encuentro con una actriz que pudo haber sido una de las escritoras inglesas más prestigiosas del siglo XXI.

Si Bram Stoker hubiese conocido a Kate Beckinsale (Londres, 1973), el mismo autor de Drácula habría extendido su cuello para que la actriz se adueñe de esa parte de su anatomía. En una era donde el culto cinéfilo y televisivo a lo vampírico parece no tener fin, debe reconocérsele a su Selene de la saga Underworld haberle dado una carnadura erótica y de acción difícil de alcanzar. Nada de la anemia de Twilight o el enchastre de True Blood. La historia de la guerra ancestral entre licántropos y vampiros de Underworld la tiene a Beckinsale como máxima heroína. Corsets, pantalones de látex, armas automáticas y espadas que sabe empuñar como nadie. Mérito extraño -pero mérito al fin- que vuelve a contagiar con sólo ver los afiches promocionales. La belleza nocturna y glacial de Beckinsale retornó en estos días a la gran pantalla con Underworld: Awakening.

 

Beckinsale nació en el seno de una familia de actores muy reconocidos por su trabajo en televisión británica, Richard Beckinsale y Judy Loe. Una de sus primeras apariciones fue en la serie donde trabajaba su padre, This is your life. El título de esa serie, en cierta manera, traía aparejado algo muy difícil de sobrellevar. Asomó ante cámaras para un capítulo dedicado a la memoria de Richard tras fallecer prematuramente por un ataque al corazón -Beckinsale ha confesado haberlo visto más en la televisión que en cualquier otro lugar-. Su madre encontró consuelo en Roy Battersby, un director bohemio que ayudó a la adolescente a encauzar su teenage angst.

 

Esos días no fueron fáciles ni felices. Beckinsale padecía de anorexia y sentía que no encajaba en el nuevo círculo familiar. "Básicamente odiaba ser adolescente", reveló. El consuelo fue la literatura. Ganó dos veces el WH Smith para jóvenes escritores y leía cuanto podía de literatura francesa y rusa. Ingresó a Oxford para estudiar las enseñanzas de Dostoievski y Balzac. Ese clasicismo la volvió perfecta para que Kenneth Branagh pusiera su ojo en ella para Much Ado About Nothing (1993). Fue un momento de encrucijada para Beckinsale. Debía decidir entre esta nueva vocación o las letras. Y eligió la actuación.

 

Su porte era ideal para encarnar un personaje de Jane Austen, Emma (1996), pero fueron filmes como The Last Days of Disco (1998) y Brokedown Palace (1999) los que le valieron cierto reconocimiento. Ya se comenzaba a hablar de su aspecto transparente y atemporal. Sin embargo, no confundir lo que proyectaba con su personalidad. Durante la filmación de una sus primeras películas, orinó a propósito en la taza de té del director por una discusión sobre un desnudo en cámara. Finalmente dio un gran salto con la mega producción de Michael Bay, Pearl Harbor (2001). No obstante, algo sucedió: la actriz con look para las producciones Merchant Ivory se transformó en la heroína de otro tipo de películas.

 

Tras Van Helsing (2004) y la saga Underworld, es usual encontrarla en las encuestas anuales sobre las mujeres más deseadas en el mundo. Reposar toda la trayectoria de Beckinsale en el papel de la sexy y letal Selene puede ser injusto, aunque Underworld ha cambiado su vida en más de un aspecto. Además del éxito de la tetralogía, en medio de la realización culminó su relación de largo tiempo con el actor Michael Sheen (con quien tuvo a su hija Lily), ya que Beckinsale se enamoró de Len Wiseman -el director de gran parte de la franquicia- con quien se casó en 2004.

 

Hay más de una Beckinsale. Fue la diva Ava Gardner en The Aviator (2004) de Martin Scorsese; pudo vérsela en la comedia Click (2006) junto a Adam Sandler y en la película de terror Vacancy (2007); retornó al drama en Snow Angels (2008) y Everybody's Fine (2009), en la cual interpretó a la hija de Robert De Niro. Luego de este filme, Beckinsale decidió tomarse un tiempo fuera de las cámaras. Fue hasta ahora. En este 2012 que recién da comienzo retorna con tres filmes de alto vuelo. El thriller Contraband con Mark Wahlberg, la mencionada Underworld: Awakening y Total Recall -que se estrena a principios de agosto-.

 

ALMA MAGAZINE: Dos de los filmes en los que la veremos este año fueron dirigidos por su esposo. ¿Cómo es trabajar con él?

KATE BECKINSALE: Dicen de él que es bastante autoritario. Y es cierto. (Risas) La primera vez que rodé bajo sus órdenes estaba aterrorizada. Ya nos conocemos mucho y creo que a esta altura soy yo la que manda. Underworld: Awakening fue como volver a estar en familia porque no estuve en la tercera parte. De Total Recall me atrajo hacer una remake de un filme tan recordado como el de Schwarzenegger. Aunque no sea totalmente lo mismo. Tomamos la base de la historia. Los dos trabajamos en esta industria y sabemos los pormenores del tema. Cuando hizo Die Hard, por ejemplo, sabía que me iba abandonar para casarse con Bruce Willis. (Risas)

 

AM: En Underworld: Evolution tuvo una escena de sexo con su ex, Michael Sheen. ¿No fue un tanto... extraño?

K.B.: Len (Wiseman) es un director muy preciso y sabe dónde quiere que se coloque cada actor. Para todos fue un momento difícil. Pero esa escena estaba bien coreografiada y supimos ser lo suficientemente profesionales como para salir ilesos emocionalmente.

 

AM: ¿Por qué aceptó nuevamente el rol de Selene?

K.B.: La verdad es que no pretendía volver a estar en la saga Underworld. Pensé que iba a quedar en una trilogía y no quería reincidir. Después lo pensé bien. Es el único papel que he interpretado en más de una película. ¿Cuándo voy a tener la posibilidad de encarar tres veces al mismo personaje? Len es un esposo genial y ha aprendido a ignorarme. Cuando le decía que no, me perseguía con un papel diciéndome: "Se me ha ocurrido esta idea. Selene tiene una hija". Ok, me interesa. Es bonito. Es como regresar a la empresa familiar. ¿Cuántos actores tienen esa oportunidad?

 

AM: ¿Le da clases de dirección? ¿Se imagina algún día dirigiendo?

K.B.: Me interesa, y mucho, pero nunca podría hacer un filme con un presupuesto enorme de 200 millones de dólares. Eso me mataría. Uno más pequeño, ¿por qué no?

 

AM: Bueno, en ese sentido su experiencia de Pearl Harbor fue justamente un sinsabor...

K.B.: En un momento me sentí herida por algunos comentarios de Michael Bay, dijo que me eligió porque no era "taaan bonita" y me pidió de bajar de peso. Yo acababa de dar a luz a Lily y emocionalmente necesitaba de abrazos, y no de esas acotaciones. Pero es un gran director, incansable, le tengo mucho aprecio.

 

AM: ¿Qué siente al verse en la gran pantalla?

K.B.: Odiaba verme en la pantalla. No me gustaba nada verme en el cine ni en la televisión. Supongo que es la misma sensación que tienen muchas personas cuando oyen su voz en una grabación o en la máquina contestadora. No obstante, con el tiempo fui aprendiendo a quererme. Creo que en eso me ha ayudado tener una relación muy profunda con mi esposo, él sabe bien dónde mirar mejor y qué dejar de lado. Fue como un entrenamiento.

 

AM: ¿Qué puede contar sobre Total Recall?

K.B.: Lo digo claro y fuerte porque todos vieron la original: ¡voy a ser la mala por primera vez! Lo cual es muy divertido y un poco desvergonzado. Es bueno ser malo y no tener que poner excusas por ello. Hago de la esposa santa, o no tanto, de Colin Farrell. Lo mejor de cada proyecto en el que he estado comprometida es que siempre he sentido lo mismo: siempre dejo una parte de mí allí; creo que es una buena manera de expandirte como persona.

 

AM: ¿Tiene algún método para dar con los personajes que interpreta?

K.B.: No sé si es un método. Sé que tengo un estilo de trabajo muy estricto. Me gusta estudiar el personaje, meterme en su piel, en su contexto y el ritual no necesariamente es el mismo. Eso es lo que me gusta de este trabajo. No hay un estilo a seguir, no hay monotonía. Cada proceso depende del tipo de historia que se va a representar.

 

AM: Es singular que su papel más reconocido sea el de Underworld, un rol bastante distinto de lo que proyectaba en sus inicios. ¿Ha pensado al respecto?

K.B.: Sí, claro. Es extraño porque mis primeros trabajos fueron muy clásicos y ahora es justamente todo lo contrario. Es algo propio de Hollywood. Durante años leí autores rusos y ahora el único momento en el que hablo en ese idioma es con las chicas que trabajan en los locales de depilación. (Risas) No lo niego, al principio era un poco intimidante, pero lo superas. Aunque hay algo que se mantiene desde mis inicios...

 

AM: ¿Qué?

K.B.: Usar corsets. En todas esas películas basadas en obras de Shakespeare o Chéjov también tenía que usarlos. No son cómodos pero estoy acostumbrada. La gran mayoría de las cosas que hice involucraron corsets. Supongo que no estaré destinada a respirar profundo.

 

AM: ¿Qué es lo más atractivo de participar de películas de este tipo?

K.B.: Creo sinceramente que este tipo de películas son fantásticas. Es gracioso ver cómo los críticos las detestan con tanta animosidad. Y, por otro lado, el gran público conecta de un modo muy particular con ellas. Adoro ir a las convenciones de cómics, porque estás rodeada de personas que aprecian lo que haces sin importarles nada más. Recuerdo que una de las primeras veces que estuve en una feria Comic-Con fue con Hugh Jackman por Van Helsing. Y era como caminar con el Elvis de las reuniones de fans. (Risas)

 

AM: ¿No le importan las críticas?

K.B.: La crítica elevaría muchísimo su nivel si quienes hablan de películas como Underworld apreciaran las obras de ese género. Sin embargo, la mayoría de los que hacen reviews quieren ver cosas del estilo Sundance. Y bueno... estamos en problemas. Creo que es un poco injusto. Realmente hay muchas películas malísimas dentro del cine de entretenimiento, pero hay otras que no. Solamente hay que entender que son para entretener, están hechas con pasión y dedicación, y eso es lo que el público agradece. Me encanta esa compensación.

 

AM: Son un tipo de filmes para ver una y otra vez, ¿hay alguno especial para usted dentro de esa categoría?

K.B.: Una buena cantidad. Creo que All about Eve y The Rocky Horror Picture Show. Estuve obsesionada con esta última: desde los 12 a los 16 años iba a un cine en Londres donde la pasaban constantemente, la gente le tiraba cosas a la pantalla y cantaba. Era muy emocionante y divertido estar ahí.

 

AM: Muchos se sorprendieron al verla en una comedia con Adam Sandler como Click. ¿Le gustaría mostrar más su veta humorística?

K.B.: Claro. Ese proyecto fue muy lindo porque lo relacioné con mi padre que trabajaba mucho en comedias. Pero por un tiempo traté de mantenerme fuera de ellas porque no quería recorrer lo hecho por él, quería seguir mi propio camino. Esa película fue muy especial porque la hice cuando tenía 32, sólo un año más de los que tenía él cuando murió. Y el personaje de Adam pasa por algo similar.

 

AM: ¿Cuál es su primer recuerdo con el cine?

K.B.: Probablemente sea Bambi. ¡Como el resto de los mortales! Tuve un momento en el que adoré el cine francés, películas como The 400 Blows o Au Revoir les Enfants. Tal vez allí comenzó mi amor por el cine. Mi familia estaba en el negocio y parecía divertirse mucho más que los padres de mis amigos. Durante años luché contra eso porque lo veía como un mandato, y realmente estuve muy cerca de dedicarme de lleno a la literatura. Pero si lo negaba tanto es porque había allí un lazo muy profundo.

 

AM: ¿Cuán especial fue su madre en su infancia?

K.B.: Mi mamá es muy importante en mi vida. En su juventud era muy hipster, mucho más cool de lo yo he soñado: actuó en Hair, usó unos pantalones increíbles en su boda con mi padre. Y más que fundamental: fue quien trajo la comida a casa luego de que mi papá falleciera. Me dejó una lección muy valiosa de cómo sortear las tragedias. Me sentía sola y hubo momento difíciles, pero ella era muy consciente de la situación. Y eso que en mi adolescencia yo no era de las personas más fáciles de tratar. Es por eso que no hablo de más con mi hija. Recuerdo cómo comprendía todo a esa edad, los niños saben qué es lo que está sucediendo.

 

AM: Ha ganado dos premios importantes de literatura, ¿continúa escribiendo?

K.B.: Desde hace un tiempo que ya no lo hago. Sobre todo desde que mi hija aprendió a leer. Se llegaron a editar algunos de mis poemas en Inglaterra. Pero hace tiempo que no escribo en mi diario. Ahora que lo pienso, y esto es fuera de broma, fue por la época en que Lily aprendió a leer. No lo sé. Me gustaría retomar la senda de la escritura. Definitivamente lo haría. Pero escribir requiere de un de ambiente calmo y una cabeza tranquila. Que no es lo que tengo por estos días.

 

AM: Siempre se recalca su belleza, y ha dado estado público a sus problemas alimenticios en la juventud, ¿cómo se cuida?

K.B.: Trato de tomar muchas vitaminas y no beber. Tengo la suerte de que no me gusta el alcohol, además si bebo una copa de vino al día siguiente parezco un personaje de Chéjov. Me encantaría tener por un día el cuerpo de Queen Latifah, esos pechos gigantes y reales. (Risas) Todavía no pude dejar de fumar. Pero si lo hiciera ya sería demasiado insufrible. Deberían empujarme por un balcón.

 

AM: ¿Qué no sabemos de usted?

K.B.: No sé manejar, aunque voy mejorando: ya sé conducir el carrito de golf. Y de joven aparecí en un video sobre seguridad industrial. Es terriblemente malo, hago de una trabajadora que queda parapléjica. Durante un tiempo se lo mostraba a mis novios, era como haberles contagiado de una enfermedad venérea y luego preguntarles: "Bueno, ¿y qué piensas al respecto?".

 

AM: ¿A qué actrices admira?

K.B.: Obviamente a Meryl Streep, también a Jeanne Moreau. Y Bette Davies. He estudiado bastante su trabajo. Me gustan esas mujeres que traspasan la barrera de los cuarenta y se mantienen firmes y saludables. Hubo un momento en el que eso era posible, ya no parece ser así. Salvo Meryl... siempre que miro sus películas entro en razón de que intento copiarla y me da un poco de gracia y vergüenza a la vez.

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