por Amy Goodman (Democracy Now) / Fotos: Gentileza Greenpeace International
Siendo un estudiante, Kumi Naidoo fue parte del movimiento en contra del apartheid educativo. Más tarde pasó a la clandestinidad al ser acusado de violar las normas del estado de emergencia. Luego se instaló en Londres, donde se graduó en Oxford. Fue uno de los impulsores del Llamado Mundial a la Acción Contra la Pobreza. Regresó a Sudáfrica cuando Nelson Mandela salió de la cárcel para acompañarlo en las filas del Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés), el partido que llevaría al poder a la legendaria figura internacional. Unos meses atrás, mientras hacía una huelga de hambre contra la ayuda que presta su país al gobierno de Zimbabwe, lo llamaron de Greenpeace International. Ya en su cargo de director ejecutivo de una de las organizaciones medioambientales más grandes del mundo, hablamos con Naidoo sobre el Premio Nobel de la Paz a Barack Obama, la deuda que tienen los países ricos con el cambio climático y de sus días de resistencia al gobierno del apartheid.
El reconocido activista sudafricano Kumi Naidoo (Durban, 1965) fue recientemente nombrado director ejecutivo de Greenpeace International. Naidoo se involucró en la lucha por la liberación de su país cuando tenía 15 años. Como consecuencia de sus actividades contra el apartheid fue expulsado de la escuela. Supo estar muy involucrado en la organización del vecindario, el trabajo de jóvenes en su comunidad y movilizaciones masivas contra el apartheid. En 1986, Naidoo fue arrestado y acusado de violar las normas del estado de emergencia.
Después de casi un año de vivir en la clandestinidad, se fue de Sudáfrica para no volver hasta después de la liberación carcelaria de Nelson Mandela en 1990. Más tarde se convirtió en uno de los fundadores del Llamado Mundial a la Acción Contra la Pobreza. Como nuevo jefe de Greenpeace, Kumi Naidoo no ha escatimado esfuerzos en criticar al presidente estadounidense Barack Obama y su posición sobre el cambio climático. Greenpeace presentó recientemente un afiche donde muestra al mandatario como anciano. El texto del anuncio dice: "Lo siento, hubiéramos podido evitar el catastrófico cambio climático... No lo hicimos".
Días antes de que se produjese la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Naidoo advirtió: "La Cumbre de Copenhague ofrece la oportunidad más grande para que los políticos del mundo se reúnan y construyan un acuerdo legalmente obligatorio que permita actuar contra el cambio climático. Nuestros líderes deben encontrar el valor para hacer lo que es correcto y no lo que es más cómodo. Son los líderes que elegimos y deben actuar y salvar el clima, deben apartar la amenaza de migración masiva, hambre masiva y extinción masiva, que serán inevitables si llegamos al extremo de vivir el cambio climático descontrolado". Como sabemos, no se hizo historia en Copenhague. Tampoco se selló ningún pacto contra el cambio climático. Naidoo tiene mucho que decir al respecto y esta entrevista ilustra bien su posición.
ALMA MAGAZINE: ¿Qué opina del discurso de aceptación del Premio Nobel de Obama en Oslo, Noruega?
KUMI NAIDOO: En primer lugar, felicitamos al presidente Obama por su logro. Damos la bienvenida a sus declaraciones sobre el trabajo para el desarme nuclear. Pero, en general, en el discurso de recepción se tomó mucho tiempo justificando la guerra y muy poco tiempo reflexionando sobre las causas. De hecho, hizo sólo una pequeña referencia sobre el cambio climático. Si entendemos lo que está sucediendo en términos de los impactos actuales del cambio climático, veremos que logró que crezcan los conflictos en todo el mundo. Es más, es probablemente la mayor amenaza para nuestra seguridad en el futuro. Mientras nosotros le deseamos lo mejor en la aceptación del Premio Nobel de la Paz, nos hubiera gustado ver un compromiso serio en la Cumbre de Copenhague. Además, la entrega de un tratado justo, ambicioso y jurídicamente vinculante. Sin embargo, no hubo ninguna mención. Es decepcionante.
AM: ¿Qué rol jugó Estados Unidos en las negociaciones sobre el clima? ¿Puede explicar lo que sucedió tras bambalinas?
K.N.: En gran medida, la delegación estadounidense jugó un papel negativo. Todd Stern, el líder de la delegación, nos sorprendió cuando dijo que la razón por la cual el gobierno de Estados Unidos no empuja para que haya un tratado legalmente vinculante es porque ésa es la preferencia del gobierno danés. ¿Desde cuándo el gobierno danés tiene tanta influencia sobre el gobierno de Estados Unidos? Se están confundiendo en los objetivos. A pesar de que la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) ha emitido un fallo que le permite al presidente Obama ser más ambicioso en cuanto a los recortes que puede realizar hasta 2020, no hay cifras substanciales sobre la mesa. Y sabemos que uno de los problemas en las negociaciones son los países en desarrollo, los cuales no han tenido ningún tipo de responsabilidad en la catástrofe climática en la que nos encontramos y por la que estamos pagando el precio más alto.
AM: Después de la Cumbre de Copenhague y los escasos resultados que dejó, ¿cuál es su visión?
K.N.: La mayoría de los países en desarrollo dicen que ellos son los menos responsables de la catástrofe climática, porque no han tenido la cantidad de emisiones y contaminaciones que ponen en peligro el clima. Los países ricos acrecentaron sus economías usando energía sucia y ahora son ellos los que tienen que ayudar a los países en desarrollo -quienes están pagando un brutal precio- para realizar dos cosas. Una de ellas es hacer frente a la pérdida de 300 mil vidas por año como consecuencia de los impactos climáticos. Así, en Africa ya tenemos refugiados climáticos: el conflicto en Darfur, que la gente ve como un problema étnico, es porque el lago Chad -que está al lado de Darfur y fue uno de los mares interiores más grandes del mundo- ahora se encuentra prácticamente seco. El genocidio en Darfur ha dejado una tremenda huella en el cambio climático: la escasez de agua, la escasez de tierra y un largo etcétera.
AM: ¿Cree que Estados Unidos se está haciendo el distraído?
K.N.: La población de Estados Unidos no llega a ser el 5% de la mundial, pero ha sido históricamente y en la actualidad causante de más del 20% de las emisiones nocivas a la atmósfera. Y cuando se mira de esa manera, es evidente que existe una responsabilidad de su parte. No creo que el presidente Obama lo niegue. Pero aquí y ahora debemos terminar con el juego de la culpa. La catástrofe climática nos ofrece la oportunidad de reconocer y solucionar el problema. Tanto las naciones ricas como las pobres deben alcanzar un acuerdo que trate el cambio climático, el freno a la deforestación, la reducción de emisiones y que proporcione dinero. Así podremos asegurar este planeta para nuestros hijos y nietos. Si no lo hacemos bien, caeremos todos. Los países ricos no pueden protegerse solos y de alguna manera salirse con la suya. O lo hacemos como una gran familia global, o nos hundimos todos.
AM: ¿Está decepcionado con Barack Obama?
K.N.: Si bien entendemos las dificultades políticas que ha tenido que enfrentar, nuestra decepción con la postura del presidente Obama es que no ha usado su capital político sobre este tema en la forma en el que lo ha hecho con la salud pública. Muchos progresistas como yo estamos de acuerdo en que se necesita una reforma sanitaria, pero él debería haber utilizado el mismo énfasis con su pueblo con respecto al cambio climático, convocando a una agenda de coyuntura en todos los órdenes. Y debemos recordar que durante los ocho años de negación del ex presidente Bush, fueron el pueblo norteamericano, gobiernos locales, ciertos estados y la sociedad civil los que estuvieron muy por delante de la administración Bush. Pese a que la mayoría, el 54% de los estadounidenses según las últimas encuestas, quiere una intervención positiva sobre el cambio climático, tristemente tengo que decir que el presidente Obama no está al frente de la opinión pública en este caso.
AM: Usted mencionó que Obama dedicó mucho tiempo durante su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz a hablar sobre la guerra. ¿Qué sucede con la escalada de violencia en Afganistán?
K.N.: El aumento de esta guerra va a costar 30 mil millones de dólares al año. Estados Unidos y el resto de los países desarrollados todavía no han puesto esa cantidad de dinero para ayudar a los países pobres a lidiar con el cambio climático. Esto es como una espiral, donde no hay una estrategia clara para salir de ella. En todo caso, debemos mirar las causas de la guerra. Tanto el mandatario norteamericano como muchos países ponen muy poco énfasis en entender y abordar las causas profundas de la guerra. Nos hubiera gustado ver que una gran porción de ese dinero se utilizara para resolver el problema climático, los derechos humanos, la injusticia que el ser humano ha tenido que enfrentar. Brindando más energía en todo esto, que son las causas profundas de la guerra. A pesar de los cambios en el desarrollo económico y la asignación de recursos, la cantidad de dinero que va a tratar temas de desarrollo, creación de instituciones democráticas y demás es minúscula en comparación con las sumas de dinero que se destinan realmente a los gastos militares. Y eso no está bien. En este punto, habríamos esperado más del presidente Obama.
AM: ¿Qué nos puede decir de su historia? Usted no arribó a Greenpeace International como ecologista...
K.N.: No. Debería decir que no llegué como un ecologista convencional. Fui expulsado de la escuela cuando tenía 15 años por participar en un levantamiento nacional estudiantil contra el apartheid educativo. Vivía en Durban, Sudáfrica. Y eso probablemente fue bueno, ya que me puso en el camino de la lucha por la justicia y me llevó a participar en ambos movimientos masivos y en el movimiento subterráneo Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela. Tuve que abandonar el país cuando tenía 22 años. Y tuve suerte de contar con el Rhodes Scholarship que me permitió educarme en Oxford y en Yale. Volví a mi país inmediatamente después de que Mandela fuese liberado de prisión para ayudar a construir el ANC como un partido político legal. Por un año trabajé como voluntario. Y luego cuando finalmente se dieron las elecciones, tomé la decisión de permanecer fuera del gobierno -a pesar de las ofertas recibidas- para reconstruir nuestra sociedad. Para mí, era de vital importancia que entendiéramos a la democracia no solamente como el acto singular de sufragar en una elección cada dos años, sino para garantizar realmente la verdadera voz y participación. Por eso entiendo el problema que están teniendo los progresistas en Estados Unidos porque sienten pasión por Obama, y en este momento hay varias posiciones que él ha tomado con las cuales no necesariamente están de acuerdo. En Sudáfrica, nos confrontamos con lo mismo y desarrollamos una noción de lo que llamamos solidaridad crítica. Obviamente estamos en solidaridad con el primer gobierno democrático que hemos tenido, pero la solidaridad tiene que estar basada en una masa crítica. Si bien hay políticas con las que disentimos, debemos poder hablar la verdad con poder. Me siento feliz de poder decir que tenemos ese espacio actualmente en Sudáfrica.
AM: Cuando fue llamado para ser la cabeza de Greenpeace, ¿estaba sentado en su oficina esperando esa comunicación telefónica?
K.N.: Fui contactado por una compañía de búsqueda en el decimonoveno de veintiún días de huelga de hambre para ponerle presión a mi propio gobierno y así cambie su política hacia Zimbabwe. Había estado en Zimbabwe durante las navidades hablando con colegas de cómo los podríamos ayudar desde el exterior, y la gente me dijo: "Kumi, regresa a casa y consigue que tu gobierno deje de actuar como un condón con Robert Mugabe". Lo que vi fue impactante dado que éste era uno de los países más prometedores de nuestro continente. Y, por supuesto, también fui parte de la Llamada Mundial a la Acción Contra la Pobreza. Y hemos hecho y visto desde hace tiempo la conexión entre la pobreza y el cambio climático. Al recibir la llamada, me sorprendió un poco. Me sentí honrado porque he sido un gran admirador de Greenpeace desde que el servicio de inteligencia francesa hundió el Rainbow Warrior, el barco de Greenpeace en Auckland, Nueva Zelandia, a mediados de los 80. Y persuadido por mi hija de 16 años, conseguí la confianza para seguir con el proceso. Me siento muy contento de estar en Greenpeace y de poder conectar las diferentes agendas de los derechos humanos, la pobreza y el activismo ambiental.
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