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Domingo 28 de Febrero de 2010

Lawrence Wright

"Yo anticipé las consecuencias del 11-S"

por Alvaro Colomer / Fotos: Orjan F. Ellingvag/Dagbladet / Marc Brasz

Más de una década atrás, el periodista Lawrence Wright anticipó las consecuencias de un ataque terrorista en la Gran Manzana con el guión de Estado de sitio, filme protagonizado por Bruce Willis y Denzel Washington. Como una perspectiva de Al-Qaeda y los orígenes del 11-S, The Looming Tower (2006) fue un notable éxito editorial por la capacidad narrativa y la exposición sintética de Wright, un escritor que con talento y minuciosidad lleva años colaborando en la revista The New Yorker. Semanas atrás llegó a las librerías su versión en español (La torre elevada). En esta entrevista el ganador del premio Pulitzer repasa su hacendoso trabajo de investigación para producir el mejor libro sobre los atentados del 11-S.

El estadounidense Lawrence Wright (Nueva Orleans, 1947), periodista de la revista The New Yorker y guionista de películas como Estado de sitio, ha escrito un libro fundamental no sólo para comprender los atentados del 11-S, sino para conocer los orígenes tanto de Al Qaeda como del fundamentalismo islámico contemporáneo. Galardonada con múltiples premios, entre los que se podría destacar el Pulitzer o el PEN (ambos en la categoría de no-ficción), La torre elevada se ha convertido en un libro de referencia en el periodismo de investigación internacional.

 

ALMA MAGAZINE: Sólo hay que echar un vistazo a La torre elevada para entender que el proceso de documentación ha sido enorme, principalmente porque usted no se limita a narrar los hechos acaecidos el 11 de septiembre, sino que retrocede hasta los orígenes del fundamentalismo islámico contemporáneo, algo que permite entender mucho mejor los atentados de las Torres Gemelas. ¿Podría explicarnos cómo realizó la documentación?

LAWRENCE WRIGHT: Mis técnicas de documentación son bastante básicas. Mis herramientas son una libreta amarilla, una grabadora de voz y tarjetas para almacenar notas. Empiezo tratando de conocer a todos los personajes de la historia sobre la que estoy escribiendo. Mientras leo sobre el tema, anoto los nombres de la gente que va siendo mencionada y entonces voy a entrevistarlos. Tras haber hablado con ellos, mi última pregunta siempre es: "¿Con quién más debería hablar sobre este asunto?" Entonces ellos me dan nombres de personas poco conocidas, con quienes voy a hablar de inmediato. De este modo, las raíces se alargan hasta alcanzar la cota más profunda. Para este libro llegué a entrevistar a más de 600 personas. También leí muchísimos artículos y libros, y conseguí reportajes traducidos de otras lenguas. Evidentemente, tuve que organizar toda esa información de algún modo y la mejor forma fue escribir la información relevante en tarjetas de notas, con las que llené diecisiete cajas. Recuerdo que, mientras escribía sobre la primera esposa de Osama Bin Laden, cada dato relevante de la entrevista o de cualquier otro lugar era añadido a una tarjeta. Parece un trabajo muy laborioso, pero lo cierto es que, cuando empiezas a escribir, el método te permite ir muy rápido, dado que tienes toda la información a mano.

 

AM: Usted había escrito otros libros, pero nunca se había acercado al terrorismo islámico. El libro que quizá guarde más parecido con La torre elevada, principalmente por su contenido político, es Noriega: God´s Favorite, sobre el General Noriega. ¿Por qué decidió acercarse al tema del terrorismo islámico?

L.W.: Durante la Guerra de Vietnam yo fui objetor de conciencia. Esto significa que no tenía que ir al campo de batalla, pero estaba obligado a realizar algún tipo de servicio para mi país. Elegí enseñar inglés en la Universidad Americana de El Cairo. Fue una experiencia maravillosa y me permitió vivir durante dos años en un país árabe. Más tarde aproveché esa experiencia para co-escribir el guión de Estado de sitio (The Siege, 1998), protagonizada por Denzel Washington, Annette Bening y Bruce Willis. Se podría decir que, de una manera inquietante, esta película advertía sobre lo que habría de ocurrir el 11 de septiembre. La película planteaba una pregunta: ¿Cómo reaccionaríamos si el terrorismo llegara a Estados Unidos? El argumento trataba de unos islamistas radicales que atentaban contra Nueva York. Pero lo que realmente me inquietó fue que esta película anticipaba nuestra respuesta: musulmanes espiados, sospechosos torturados. La película no tuvo mucho éxito en el momento del estreno, pero fue la más alquilada en los videoclubs tras el 11 de septiembre. De modo que puedo afirmar que, en una forma un tanto tenebrosa, yo anticipé esos atentados sin ser consciente de ello. Más tarde decidí aprovechar la experiencia adquirida en Egipto y regresar al mundo árabe para investigar los orígenes de los movimientos radicales islámicos. Y así nació La torre elevada.

 

AM: Tras los atentados del 11 de septiembre aparecieron muchas teorías conspirativas que daban todo tipo de respuestas a los grandes interrogantes que la sociedad norteamericana se planteaba. Me refiero a los libros de Andreas von Bülow, Mathias Bröckers, Gerhard Wisnewski y, entre otros, Thierry Meyssan. A esta moda "conspiranoica" se le llamó "Operación Pearl" y muchos periodistas serios dijeron que todas esas teorías surgían por ausencia de una teoría absoluta sobre los atentados. La torre elevada, ¿es la respuesta a todos esos libros?

L.W.: Crecí en Dallas y era un adolescente cuando asesinaron a John F. Kennedy. Por lo tanto, las teorías conspirativas han sido parte de mi vida. Hasta que llegó un punto en que, tras haber escuchado un montón de tonterías sobre aquel crimen, comprendí que a la gente le encantaba creer en cosas de las que no tenía ninguna evidencia. De algún modo, era como una creencia religiosa. Un asesinato sin sentido puede tener muchas explicaciones en manos de alguien que busque una teoría absoluta sobre el funcionamiento de la realidad. Años después, me di cuenta de que mucha gente estaba inventando teorías igual de paranoicas sobre el 11 de septiembre, pero si me detenía a hablar con ellos, cosa que hice en demasiadas ocasiones, me daba cuenta de que esas personas necesitaban creer firmemente en sus propias teorías, como si dicha creencia fuera para ellos más importante que los hechos reales. En mi libro no he querido refutar ninguna de esas teorías. Solo he pretendido, como periodista e historiador, descubrir la verdad.

 

AM: El libro presta especial atención a aquellos agentes norteamericanos que, intuyendo lo que iba a pasar, trataron de evitarlo. ¿Qué cree que debería de haber pasado para que las autoridades prestaran más atención a estas personas?

L.W.: Hubo un montón de gente que entendió lo seria que era la amenaza de Al Qaeda, pero fueron ignorados por diversos motivos. Uno de ellos fue la sensación de invulnerabilidad que tenían los norteamericanos. Nosotros siempre hemos mantenido una distancia física respecto a las luchas que han sufrido Europa y Oriente Medio, así que la idea de que pudiéramos ser golpeados por el terrorismo islamista en nuestras propias casas parecía absurda. Además, había barreras institucionales, especialmente entre el FBI y la CIA, que evitaron el intercambio de información relevante que podría haber puesto al país en guardia respecto a lo que estaba a punto de ocurrir.

 

AM: Muchos intelectuales occidentales han señalado la imposibilidad de conciliar islamismo y modernidad. Después de su investigación, ¿opina usted lo mismo?

L.W.: No creo que el grueso de los musulmanes se oponga a la modernidad o que el Islamismo no pueda adaptarse al cambio. Es verdad que existen algunos musulmanes, los islamistas radicales, que insisten en la idea de que el reloj debe retroceder hasta el siglo VII para que la humanidad sea redimida. Esta gente asegura hablar en nombre del Islam, pero en verdad tiene serios conflictos sobre su propia modernidad. Usan armas modernas e Internet de un modo despreocupado, pero las otras innovaciones, como la democracia o la libertad, les enojan. Esta gente está francamente en guerra con la sociedad, pero no tienen un escenario en el que librar dicha batalla. Así que la llevan a cabo donde pueden. De cualquier manera, esas personas no están interesadas en gobernar, sino en purificar. El resultado es, inevitablemente, un desastre.

 

AM: Usted vivió en Egipto durante 1969 y 1971, algo que le permitió conocer el fenómeno del fundamentalismo en aquel país. En su libro concede especial importancia a Egipto y afirma que parte del fundamentalismo islámico nació en dicho país (en especial en las cárceles donde se torturaba a los radicales). ¿Cree que la sociedad occidental es consciente de la importancia de Egipto en los conflictos entre Oriente y Occidente?

L.W.: Creo que el presidente Obama eligió El Cairo para lanzar su mensaje al mundo islámico porque Washington ya entiende la importancia de Egipto en todo este conflicto. El corazón de Al Qaeda siempre ha estado en Egipto. La frustración que los egipcios han experimentado desde la caída de Nasser ha alimentado el fundamentalismo. Egipto es el país más poblado en el mundo árabe y tiene la capital intelectualmente más influyente. Pero, hasta que no devenga en una democracia real, ese país continuaría siendo una fuente de radicales.

 

AM: ¿Cómo fue recibido su libro en el mundo árabe?

L.W.: Mi libro ha sido publicado recientemente en el mundo árabe. Espero que se venda bien. Es muy importante que los árabes tengan acceso a la información de La torre elevada, porque el periodismo de aquellas latitudes puede ser muy tendencioso. Mientras yo investigaba para mi libro, tuve que encontrar un trabajo para poder entrar en Arabia Saudita: no me dejaban entrar como periodista. Mi trabajo consistía en hacer de mentor de unos reporteros en Jeddah, el pueblo de Osama Bin Laden. Pude comprobar cómo se censuraba a muchos de esos periodistas por culpa de la presión que ejercían los fundamentalistas. Realmente deseo que mi libro pueda venderse libremente.

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