Alma Magazine.com
Devendra Banhart - El curioso

Devendra Banhart

El curioso

Vincent Cassel - El extraño francés

Vincent Cassel

El extraño francés

Lunes 13 de Febrero de 2012

Mark Wahlberg

A los golpes

por Gonzalo Paz / Fotos: Elisabeth Rosenberg / Tom Roberts

El muchacho arrogante, la estrella pop, el ex convicto, el intérprete dos veces nominado al Oscar. El actor y productor ha tenido más de un perfil en sus cuarenta años de vida. Anclado en la industria, exitoso en lo artístico y en lo comercial, muy contento con su vida familiar, sus próximos pasos confirman su rol iconoclasta y arriesgado. En estos días se lo puede ver en una remake: Contraband. Todo indica que tendremos Mark Wahlberg para rato.

Si le preguntaran a Mark Wahlberg (Boston, 1971) sobre escribir su biografía, vale decir dos cosas. Uno: ya lo hizo. Se llama Marky Mark y fue editada en 1992 cuando era una estrella de rap junto a su grupo The Funky Bunch. Dos: no cambiaría nada de lo que sucedió en el pasado, por lo que todavía quedarían esas primeras palabras como dedicatoria a su miembro viril. Si bien las últimas imágenes de este bostoniano de ley demuestran algo muy distinto a ese sujeto muy cerca del one hit wonder, más de una vez ha dicho que no reniega de ese pasado. En lo artístico, ya lleva dos nominaciones a los Oscar, y nadie hubiera exclamado sorpresa si se hubiese llevado la presa dorada a su casa. La primera fue por encarnar al más recio y testarudo de los agentes entre infiltrados, soplones y testosterona de The Departed (2006). La segunda por interpretar a Micky Ward en The Boxer (2010), un pugilista que como enseña esta clase de filmes lucha contra más que un rival.

 

Es que Mark Wahlberg también ha tumbado a rivales como un boxeador, incluso, a él mismo. El background en el que creció se parece bastante al guión de algunas películas en las que actuó, ya sean Four Brothers (2005) o We Own the Night (2007). Calles, sentido de la unidad y fechorías al margen de la ley. Mark fue el menor de nueve hermanos, creció en el barrio de Dorchester en Boston. Su padre era teamster y su madre una católica irlandesa. El drama fue que decidieron divorciarse cuando él tenía sólo 11 años.

 

A Mark la separación de sus padres le causó ciertos estragos. Descarriado, dejó la escuela por el bajo mundo. Para los 14 ya era un dealer y consumidor de drogas. Lo peor llegó a los 17: pasó un tiempo tras las rejas en una institución para adultos por haber atacado a un inmigrante vietnamita. Fueron 45 días. Un tiempo que le sirvió para reflexionar y mutar por primera vez. Decidió seguir el camino de su hermano Donnie, uno de los integrantes de los New Kids on the Block. El talento que le faltaba para cantar lo suplía con carisma y con una presencia avasallante: Calvin Klein llevaría en cada póster expandido por Norteamérica su cuerpo atlético sólo cubierto por unos boxers.

 

El trabajo de gimnasio ayudó a que Marky Mark & the Funky Bunch vendieran millones de ejemplares con sus dos álbumes, pero la imagen bravucona y soberbia del líder seguía con acusaciones por racismo y xenofobia. La más célebre de todas esas polémicas fue con Madonna en medio de una ronda nocturna. Alguien del entorno de la diva escuchó que le gritaron "homo" y hubo una pequeña batahola. Hasta el día de hoy Wahlberg niega el asunto, aunque fue por entonces que decidió mutar nuevamente. Marky Mark quedaría atrás y el joven bostoniano iniciaría su historia en el cine. Hubo películas para televisión, papeles menores y esa tendencia a emanar algo autobiográfico en cada uno de sus papeles. Se tratase del problemático amigo de Leonardo DiCaprio en The Basketball Diaries (1995), el icónico Dirk Diggler en la tremenda Boogie Nights (1997), un soldado despechado en Three Kings (1999) o un obrero del mar en The Perfect Storm (2000).

 

Wahlberg es de esos actores cuyo cuerpo parece escapar de la pantalla, su fuerza -la contención de la misma, mejor dicho- pide que el director grite "Acción" para salir a la luz. La crítica y el público han respondido más que bien. Salvo en aquellas producciones en las que su presencia no tiene nada que hacer allí. No es ningún Charlton Heston -Planet of the Apes (2001)- o Cary Grant -The Truth About Charlie (2002) - ni, ciertamente, un profesor de ciencias -The Happening (2008)- o un contador -The Lovely Bones (2009)-. Alguna vez dijo que para los 40 años se retiraría de la industria. Nada de eso ha ocurrido ni daría la impresión de que vaya a suceder. En los últimos años se ha visto lo mejor de Wahlberg. Interpretando a policías recios que conocen el otro lado de la ley o descarriados que buscan algún tipo de redención, también ha mostrado su talante para la comedia en I Heart Huckabees (2004), The Other Two (2010) y Date Night (2010).

 

El muchacho de la voz nasal hoy por hoy vive sereno junto a su esposa, la ex modelo Rhea Durham, y los cuatro hijos de la pareja, alejado de las calles que lo forjaron aunque aún las recuerde. La exitosa serie televisiva Entourage -de la cual es productor- justamente versa sobre el lado B de la fama en Hollywood: la historia de esa joven estrella y su séquito de amigos, viviendo de las luces del éxito que encandila. Su tarea como productor no se queda allí. En la pequeña pantalla estuvo detrás de sucesos como In Treatment y Boardwalk Empire, y en el cine produjo The Fighter y la película Contraband que lo trajo por estos días de vuelta a las pantallas. En la remake del thriller islandés Reykjavík-Rotterdam encarna a un hombre que ha dejado atrás su historia con el crimen. Sin embargo, deberá volver al contrabando para saldar la deuda de su hermano. Familia, crímenes, pecados, golpes, disparos y una gran actuación. Un auténtico Wahlberg.

 

ALMA MAGAZINE: ¿Qué lo sedujo de la película original para reversionarla?

MARK WAHLBERG: Principalmente la historia. Me puedo identificar con ese hombre que vuelve a estar con los muchachos y hace lo que sea para salvar el pellejo de su familiar. Está dispuesto a realizar lo que sea necesario, incluso quebrar la ley. Después, todo lo relacionado con la producción: relocalizarla en Nueva Orleáns, su puerto, donde hay un submundo cultural muy rico.

 

AM: Hay algo muy particular en este filme. Su director, Baltasar Kormákur, fue el protagonista en la primera versión. ¿Eso hizo más difícil su trabajo?

M.W.: Es cierto. Se puede ver como algo raro. El miedo a que él quisiera seguir explorando su costado del personaje que yo pretendía hacer. Pero como justamente es un actor, dejó que yo forjara lo mío. Dio lo necesario para que yo supiera desde dónde crear, pero también hay mucha improvisación. Más que nada en las escenas en las que mi personaje anda con su grupo.

 

AM: Es como si lo mejor de usted se viera en este tipo de papeles duros pero con un costado sensible, ¿está de acuerdo?

M.W.: Hollywood siempre actúa con modos muy propios de la industria y yo sólo voy allí para producir algo nuevo desde donde pueda concretarlo. No tengo un problema con ello ni en cómo desean rotularme. Con sus diferencias, creo que eso es lo que he venido haciendo en el cine desde un comienzo.

 

AM: Mucho se ha dicho sobre su llegada al cine como una forma de saldar cuentas con el pasado, ¿lo entiende así?

M.W.: En mis películas no trato de borrar la imagen que construí en el pasado. Ni trato de imitar a nadie. Burt Reynolds, de una forma simple y precisa, me lo dijo: "Sólo puedes durar en este negocio si tienes algo especial que ofrecer, y eso es siendo tú mismo, los imitadores no duran". Y mi intención es durar.

 

AM: ¿La misma intención fue la que lo llevó a crear Entourage? ¿Es su proyecto más personal?

M.W.: Tomamos algunas cosas de aquí y de allá. No hay nada que me pertenezca a mí mismo. Hay recuerdos y libertades que nos tomamos de la experiencia de otras personas de la industria. Tratamos de hacer algo divertido y realista para los estándares de Hollywood. Esta fue la última temporada y mi objetivo es hacer la película: la financiaría yo mismo.

 

AM: El papel de Micky Ward en The Fighter debe haber tocado una fibra muy particular en usted, ¿o no?

M.W.: Estoy muy orgulloso de esa película. Fue lo mejor que hice hasta ahora. Y creo que las cinco o seis películas que filmé antes de The Fighter fueron un preparativo secreto para ello. Además, había ciertas conexiones singulares. La familia de Micky y la mía incluyen nueve hijos. Son circunstancias muy similares. Y contra todo lo que se podía esperar, la sacamos adelante. Desde un primer momento yo sabía que debía hacer esta película y que debía ser el elegido para hacer de Micky.

 

AM: ¿Cómo fue la preparación del personaje?

M.W.: Primero iba al gimnasio a entrenar tres horas por día. Me obsesioné con el entrenamiento, hubiese llevado a mis entrenadores al lugar al que fuera. Quería lucir lo más realista posible para dar con el papel de un boxeador. En lo personal, Micky Ward es un amigo y quería estar seguro de que él estuviera contento con el resultado. Que le hiciera justicia. Cada rol es diferente, lo sé. Siempre deseé crear algo que conecte o se identifique con lo real. Amo las películas que significan retos físicos y emocionales. Que te lleven un buen tiempo ubicarlas en tu cabeza, que vivan allí, durante todo el transcurso de la realización. Y ésta lo fue.

 

AM: ¿Es cierto que estuvo en una prisión haciendo una investigación para ese papel?

M.W.: Fue para explorar la relación con su hermano. Debíamos filmar una escena y sentí que tenía que hablar con los internos. A la gente de la custodia no le gustaba la idea, ya que si abrían las puertas, muchos de los que estaban allí iban a intentar escapar. Los prisioneros conocían el área en el que crecí y me respetaban por ello. Sabían que estuve en problemas y pasé un tiempo en prisión. Lo que quisieron saber es cómo me las había arreglado para salir de eso. "¿Qué chance tenemos?", me preguntaban. "Porque cuando salgamos de aquí la policía en nuestro barrio nos va a reconocer y seguramente terminaremos de vuelta adentro." Les dije que no esperaran esa situación, que se enfrentasen con ellos para decirles que se habían reformado y que les dieran un descanso. Realmente necesitas mostrarle a la gente que puedes cambiar. Si te generas una mala reputación, te va a llevar un tiempo repararla.

 

AM: ¿Qué recuerda de la filmación de The Departed?

M.W.: Por siempre he sido un apasionado de las películas de Martin Scorsese, así que fue todo un privilegio trabajar con él. Sobre todo ha sido un honor haber estado justamente en el filme con el que se ha llevado el Oscar, que merecía desde hace tanto tiempo. En lo personal, él me ayudó mucho con Dignam, mi personaje. Era un papel muy difícil porque se trata de un tipo muy hosco y mezquino, pero al mismo tiempo tenía que parecer alguien de confianza. Como me crié en Boston, donde transcurre la película, Scorsese confiaba en mis opiniones porque decía que yo era el que mejor sabía cómo se hacían las cosas en esa ciudad. Escuchó todos mis consejos. Me gustó recuperar mi acento de Boston, aunque Marty no debía entender la mitad de las cosas que le decía. Bromeaba explicando que si nuestros personajes hablaran así, iba a necesitar poner subtítulos para que se entendiera la película.

 

AM: ¿Y de la relación con el elenco y Scorsese?

M.W.: Con Marty siempre andábamos discutiendo por lograr lo mejor del papel. Pero no era sólo con él. La mayoría del tiempo me encontraba tan metido en el personaje que estaba adusto con Leonardo DiCaprio, Matt Damon y Jack Nicholson. "Que Jack se joda también", esa era mi actitud. No obstante, fuimos capaces de reírnos de todo ello por la relación que forjamos. Quisiera hacer algo con ellos nuevamente algún día.

 

AM: ¿Qué cosas cambiaron tras sus dos nominaciones al Oscar?

M.W.: Sí, a partir de ahora sólo haré películas de época, del siglo XVII, que sean grandes dramas. (Risas) Lo que he notado es que me llegan más ofertas desde que fui candidateado. Pero yo intento, como siempre, seguir eligiendo bien y sobre todo mezclar proyectos muy diferentes.

 

AM: Ha vivido distintos tipos de estrellato, ¿qué es lo que más disfruta en la actualidad?

M.W.: Por suerte tengo mucha gente a mi alrededor que me mantiene con los pies en la tierra, sobre todo mi familia. Sigo contando con los mismos amigos y creo que eso es muy importante. Hago las mismas cosas que siempre, trato de ser un buen chico, incluso acudir a la iglesia los domingos. (Risas) Sólo he cambiado en el hecho de que me gusta pasar mucho tiempo con mis hijos, en lugar de realizar cosas que solía llevar a cabo antes, como organizar fiestas. Pero eso es normal, es una evolución positiva, producto del tiempo, y no creo que nadie pueda decir que he cambiado para convertirme en un divo. Estoy muy contento de despertarme a las nueve de la mañana, en lugar de irme a dormir a esa hora. Cuando era joven hacía muchas cosas por la noche, y ahora realizo todo lo que me gusta durante el día: juego al golf, voy al gimnasio, paso a buscar a mis hijos por la escuela, hago lucha con ellos, llevo a mi hija a la tienda American Girl. Pasamos mucho tiempo juntos.

 

AM: ¿Cuál fue el momento en que cambió de actitud?

M.W.: La cárcel, claro. Si eso no lo hace, nada lo hará. Disfruto de mi libertad. Y quiero tener una vida productiva y positiva, estar con mi familia. Sólo tener una vida productiva y positiva.

 

AM: ¿Necesitaba ese golpe?

M.W.: Siempre escuchaba esa voz: "Vas a terminar adentro". Tres de mis hermanos habían estado presos, una de mis hermanas también, ya perdí la cuenta de cuántas veces estuvo adentro. Finalmente me encontraba cercano al tipo de matones que siempre había idolatrado. Había hecho mis méritos y estaba con esa gente. Hasta que un día me dije: "Un minuto. No quiero ser para nada como ellos". Terminé en el peor lugar del planeta y nunca quise volver. Lo primero que aprendí fue a mantenerme íntegro.

 

AM: Vive en Beverly Hills pero tiene una fundación dedicada a ayudar a chicos en situaciones difíciles, ¿es una forma de no olvidar de dónde viene?

M.W.: Nunca lo olvidé. Estoy completamente comprometido con el día a día. Enviamos a los chicos a la escuela, armamos centros para adolescentes, les damos una navidad a los que no la tienen. Un montón de estos niños crecieron por fuera del sistema legal, y son los más desprotegidos. Cuando estoy con ellos trato de hacer todo lo posible para que persigan sus sueños. Muchos de mis amigos de infancia ya no están vivos. Soy uno de los pocos que pudo lograrlo. Mi mensaje es que si yo pude hacerlo, ellos también pueden.

 

AM: ¿Qué es lo más surrealista que le ha pasado en Beverly Hills?

M.W.: Cuando los Beckham se mudaron todo cambió. Había paparazzis noche y día. Desde entonces persiguen a cualquier auto que vean. Del lugar del que vengo no es una buena señal perseguir a la gente. No le digo que se muden pero, en primer lugar, no deberían haber venido. Vamos, David, no queremos tu fútbol. No hay manera de que nos guste ese deporte donde en noventa minutos no sucede mucho. Gracias por intentarlo muchachos, pero nos quedamos con el baseball y el basketball. (Risas)

 

AM: ¿Hubo algún momento de su infancia en Boston en que se dio cuenta de que podía ser actor?

M.W.: Había un cura que trataba de guiarme, el reverendo James Flavin. Nos conocimos en la época en que yo vendía drogas en la calle. Fue uno de los pocos que nunca me abandonó. Estuvo en las buenas y en las malas, y fue el primero en reconocer el actor que había en mí. Es que si miro hacia atrás, siempre estaba actuando. Estuviésemos planeando algo turbio o convenciendo a un juez, siempre actuaba. Y él era el único que se daba cuenta. Mi madre no. "Debe haber sido alguien más", dice sobre cosas que incluso yo admití haber hecho. Hasta el día de hoy culpa a todos de todo, excepto a mí.

Calificar artículo

17 Votos

Espacio de lectores Deje su comentario

Seguir los comentarios por email.