por Felipe Real / Fotos: Tomas Bravo / HO / Henry Romero
Marcado por la crisis económica, la gripe porcina, el delito y la sequía, el presidente Felipe Calderón atravesó un 2009 muy complicado. Sin embargo, al momento de hacer un balance de su gestión, consideró que había motivos para celebrar. Pese a los datos optimistas, si se observa el tablero mexicano en perspectiva se descubrirá que hay poco que festejar. El mayor riesgo es la relación que existe entre el desempleo y el narcotráfico que afecta a los jóvenes de la llamada “Generación ni-ni”. ¿Cómo serán los próximos pasos de la gestión del PAN para tratar de cumplir sus promesas mientras el añejo PRI aspira regresar a la presidencia?
A finales de 2009 -y en coincidencia con su tercer aniversario de gobierno-, el presidente mexicano Felipe Calderón sorprendió a todos declarando que, durante el año pasado, se habían vencido a cuatro antagonistas temibles: la sequía, la gripe porcina, la crisis económica y el narcotráfico. Ese concepto fue replicado varias veces hasta convertirlo en muletilla institucional, destinada a cubrir la necesidad de logros concretos y obtener rédito político en momentos donde su popularidad cotiza en baja. Sin embargo, si tomamos la lupa y analizamos los triunfos anunciados con bombos y platillos, descubriremos que los primeros problemas mencionados no se alivianaron por la eficacia de sus funcionarios sino por los designios de los dioses que rigen la climatología. Sus "victorias" son de carácter estacional y sólo se sabrá si son definitivas cuando las nubes retrocedan y el frío aumente. Si seguimos analizando esos conceptos con la lente en mano, observaremos que es cierto que la economía volverá a crecer, aunque gran parte de su devenir se deba a la influencia de las finanzas estadounidenses. También podremos aceptar que, en los últimos meses, detuvieron en resonantes operativos a algunos de los más importantes líderes de los cárteles que azotan la región. Pero si dejamos la lupa de lado y miramos con una mayor perspectiva el tablero mexicano, comprenderemos que tanto en economía como en materia de seguridad no hay mucho que festejar.
Un triunfo económico con sabor a poco. Siempre hay que contextualizar los datos con los marcos donde se desarrollan para evitar repetir errores de diagnósticos. Así, el por entonces ministro de Hacienda, Agustín Carstens, tuvo la desafortunada idea de caratular como un simple "catarrito" a la crisis económica que había comenzado a vislumbrarse a mediados de 2008. Con el tiempo, los asesores de su cartera comprendieron que el catarro se tornaría en neumonía y que ninguna enfermedad, ni siquiera las pandemias, afectan tanto el humor de los ciudadanos como aquellas que lesionan su órgano más sensible: el bolsillo.
Según los estudios del Banco Mundial, México sufrió una caída económica del 7,1% que significó el mayor descenso desde 1932, cuando el Producto Interno Bruto (PIB) se derrumbó 15%, superando incluso la marca en rojo del 6,2% experimentada por la "crisis del tequila" durante la gestión de Ernesto Zedillo. En 2009, México lució la peor performance económica del continente y el mayor desplome del ingreso por habitante. En términos nominales el "catarrito" costó alrededor de 235 mil millones de dólares, algo así como 2.200 dólares por mexicano.
Después de todas estas malas calificaciones, parece desmedido que se celebren -con tanta pompa- las nuevas proyecciones del Banco Mundial que anuncian un crecimiento para México en 2010 y 2011 de un 3,5% y un 3,6% respectivamente. Con más ilusión que esperanzas, los hombres del oficialista Partido Acción Nacional (PAN) esperan recuperar la buena senda. Hace diez años, cuando Vicente Fox logró arrebatarle la presidencia a la añeja dinastía del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido aspiraba a convertirse en una referencia para todos los que quieren una "derecha moderna". Pero lejos de esa meta, no pudieron colmar las expectativas de su base electoral -compuesta por empresarios y comerciantes-, ya que no alcanzaron a innovar el perfil productivo del país ni forjar instituciones fuertes. Sólo basta señalar que en las dos gestiones panistas casi 50 mil millones de dólares fueron depositados en cuentas bancarias de mexicanos en el extranjero. Calderón nunca pudo cumplir su promesa de transformarse en "el presidente del empleo": en 2009 debió afrontar la pérdida de 255 mil puestos de trabajo.
Victorias contra el narcotráfico con costos demasiado altos. "El país estaba atrapado por la criminalidad y nos hemos propuesto recuperar la libertad que no se puede sacrificar por la cobardía de los gobernantes", manifestó Calderón intentando hacer un balance de los logros de su último año en la materia. Pese a que las fuerzas del orden ganaron una serie de batallas, no merecen el aire triunfal que, a veces, los hombres del gobierno le pretenden dar. Aunque la policía y el ejército puedan mostrar ante la opinión pública operativos cinematográficos -como el ocurrido el 16 de diciembre pasado, cuando se hirió de muerte al "jefe de jefes" Arturo Beltrán Leyva, y detenciones claves como la del poderoso traficante sinaloense Vicente Zambada Niebla o la del cabecilla del cártel de Juárez, Vicente Carrillo Leyva-, si se vuelve a observar el escenario mexicano en perspectiva -otra vez- encontraremos que hay poco que alabar.
El año pasado se registraron 6.500 asesinatos, el doble que en 2007. Y sólo en los primeros ocho días de este 2010, se contabilizaron 223 ejecuciones, el doble del mismo período de 2009 y el triple que en 2008. Si bien la captura de "peces gordos" se suele presentar como una buena noticia para los ciudadanos y permite mejorar la imagen del país en el exterior, tampoco puede dejarse de recordar que unas 220 mil personas fueron arrestadas por vínculos con el narcotráfico desde que Calderón asumió en su cargo y las tres cuartas partes de ellas quedaron en libertad.
Este porcentaje nos enfrenta a dos situaciones: o los fiscales judiciales están incapacitados para comprobar la relación de los detenidos con los crímenes adjudicados o las pesquisas se hacen de forma compulsiva y sin criterios serios, arrestando a gente inocente. Cualquiera de estas dos teorías es alarmante. A su vez, Human Rights Watch y Amnistía Internacional denunciaron el aumento de violaciones a los derechos humanos y la preocupante falta de responsables condenados. Por otro lado, no puede dejar de señalarse que mientras México -a raíz de la Iniciativa de Mérida, diseñada en la era Bush- se concentró en tratar de impedir el tráfico por su territorio de cocaína colombiana hacia Estados Unidos, aumentó la superficie sembrada de amapola y marihuana, según estipulan los expertos del gobierno estadounidense.
La crisis económica y el narcotráfico son las dos pinzas que atenazan a México. Los 255 mil empleos perdidos no pasan desapercibidos en un escenario desangelado e impactan en los eslabones más débiles de la sociedad, especialmente en los jóvenes. Un veinteañero que busque trabajo, puede conseguir empleo como camarero o asistente por 250 dólares. Con ese pobre salario y la nula esperanza de movilidad social, los principiantes duran poco tiempo en esos puestos y se quedan subsistiendo de los ingresos del resto de su familia, utilizando ese tiempo para, en el mejor de los casos, estudiar. No obstante, como los graduados recientes apenas cobran salarios de 550 dólares y los gastos son numerosos, pocos son los que logran continuar una carrera. El Instituto Nacional de Educación informó que, en los últimos años, unos 17 millones de alumnos abandonaron sus estudios en el nivel básico, la mayoría por necesidades económicas.
Acorralados por un futuro poco venturoso y sin expectativas positivas, los jóvenes que no estudian ni trabajan se convirtieron en una categoría social denominada "Generación ni-ni": tienen hasta 30 años, carecen de seguro médico, no pueden invertir en capacitación ni desarrollar una vida cultural amplia ni les interesa la política, tampoco tienen la posibilidad de comprar una casa y se les dificulta vivir en pareja o tener hijos. Según datos oficiales del Instituto Mexicano de la Juventud, más de 7 millones de personas pertenecen a esta nueva categoría. Muchos de ellos terminan vinculados a los "narco-negocios" y otros, directamente, pasan a nutrir la mano de obra descartable que requiere el mundo del delito.
Los especialistas aseguran que el fenómeno de la Generación ni-ni es consecuencia de la crisis económica, de las falencias del sistema educativo y también de un empresariado poco dispuesto a valorar el trabajo. Alfredo Nateras, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), explica que "el crimen organizado es una alternativa real para ellos. Suena duro pero muchos se preguntan: ¿Para qué estudio si el narco me da todo?". Mientras que los voceros de la iglesia católica mexicana suelen repetir que "los narco-negocios han creado una economía subterránea para reciclar el dinero ilícito que proviene de esta actividad, lo que implica no sólo lavado de dinero sino también corrupción moral. De este modo, se está trastocando la jerarquía de los valores y una confusión entre los niños y jóvenes".
Sólo basta dar un vistazo al mercado laboral de lugares como Sinaloa o Tijuana para observar la oferta de puestos de trabajo en el sector informal, vinculados de una u otra forma al auge del narcotráfico. En regiones desérticas o aisladas, antiguamente, los jóvenes se quedaban trabajando en el campo o se iban a estudiar a la ciudad. Sin embargo, en los últimos años, gran parte de las fuentes (legales) de empleo pasaron a estar relacionadas con las familias de los traficantes o sus empresas. Con apetencias de nuevos ricos, contratan personal doméstico para darse una vida cortesana, músicos para sus fiestas y hasta decoradores de interiores y personal contable. Los que no califican para esos puestos podrán sumarse como "peones" en los últimos peldaños de la pirámide mafiosa. El principal atractivo que encuentran es que "de esa forma adquieren prestigio social, además de ingresos que no tendrían de otra manera". La Procuraduría General de la Républica reconoció que en los estados con mayor presencia de los cárteles se registraron casos de jóvenes desocupados, sin experiencia criminal, que fueron contratados como vendedores de droga, guardaespaldas o hasta como sicarios. Los datos del Ministerio de Defensa son impresionantes: en los últimos tres años, unos 1.200 muchachos murieron en enfrentamientos de bandas rivales.
Año definitorio. Tal vez no sea el mejor marco para celebrar el Bicentenario de la Independencia ni los cien años de la Revolución Mexicana. De todas formas, Calderón afirmó, ante el Palacio Nacional, que "el 2010 será el año del cambio profundo" y, según sus allegados, pretenderá impulsar una agenda de renovación. No sólo volvería a motorizar una nueva reforma energética en el Congreso sino que lanzaría una reforma fiscal para combatir la pobreza y modificaciones destinadas a intentar que el PIB se expanda a un 5% en 2012, cuando finaliza su mandato. Asimismo, planea una reforma política que incluiría temas como la reelección de alcaldes y gobernadores e intentaría gestar "una Policía Federal que sea técnica y operativamente superior a los grupos criminales".
La concreción de estas iniciativas en el Parlamento no será sencilla, ya que en julio pasado, la oposición -compuesta principalmente por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI)- conquistó la mayoría de los escaños. La idea era conciliar las principales propuestas entre los congresales de su partido, el PAN, con los del PRI. Aunque en las últimas semanas, extrañamente, se empezó a gestar una alianza entre los panistas con los centroizquierdistas del PRD, que siempre acusaron a Calderón de haberle birlado la presidencia a su candidato, Andrés Manuel López Obrador. Como decía el escritor Jorge Luis Borges, a ambos sectores "no los une el amor sino el espanto". El motivo de tan repentino matrimonio por conveniencia es que el añejo PRI, después de su reciclado y frente a los actuales avatares, comenzó a recuperar solidez y su consabido pragmatismo. No sólo eso: sus figuras ya se animan a soñar con volver al gobierno en 2011 y saben que lo único que necesitan es paciencia para ponerse "a cocinar a fuego lento".
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