Alma Magazine.com
Modernismo en el Guggenheim - La escuela de París

Modernismo en el Guggenheim

La escuela de París

Enrique Bunbury - Crooner del siglo XXI

Enrique Bunbury

Crooner del siglo XXI

Congreso de la Lengua Valparaíso 2010 - La cumbre del español

Congreso de la Lengua Valparaíso 2010

La cumbre del español

Jueves 1 de Octubre de 2009

Rodrigo Rey Rosa

El material humano

por Rodrigo Rey Rosa / Fotos: Gentileza Anagrama

El nuevo libro de Rodrigo Rey Rosa se presenta como una novela, pero se desarrolla en las arenas movedizas entre lo ficticio y lo histórico. Con la forma suelta y aparentemente ligera del diario de apuntes y notas, el escritor guatemalteco en El material humano –lanzado por editorial Anagrama– elude la novela de personajes y la narración funciona como un gran fresco histórico o alegoría sobre la represión sanguinaria que ha sufrido su país a lo largo de los últimos siglos. La certera elección del género le permite acomodar los hechos de su vida personal, contaminada por la violencia de Estado, y combinarlos con una dudosa investigación en un vasto y caótico archivo policial.

Poco tiempo antes de que se conociera la existencia del célebre Archivo del que he querido ocuparme, la madrugada del 17 de junio del 2005, un incendio y una serie de explosiones destruyeron parcialmente un polvorín del Ejército Nacional situado en un establecimiento militar de una zona marginal en la ciudad de Guatemala, donde se almacenaba alrededor de una tonelada de proyectiles de diversos calibres, residuos del material bélico utilizado durante la guerra interna que comenzó en 1960 y terminó en 1996. Un agente de la Procuraduría de los Derechos Humanos fue delegado para investigar la existencia de otros almacenes de explosivos que podían representar un peligro parecido. Para esto, visitó las instalaciones de La Isla, que está en el extremo norte de la ciudad y es un complejo de edificios policíacos que incluye la Academia de la Policía, un centro de investigaciones criminales, un vasto depósito de vehículos accidentados, la perrera policíaca, un hospital abandonado, y el polvorín. Misteriosamente, los artefactos explosivos (candelas de dinamita, granadas, morteros) que se suponía que estaban almacenados ahí desaparecieron la víspera de la investigación. Sin embargo, en un edificio adyacente, que tal vez funcionó como hospital, pero que según los investigadores de la Procuraduría fue usado como centro de torturas -con las ventanas de casi todas las habitaciones condenadas con ladrillos o bloques de cemento-, el delegado de la Procuraduría descubrió un cuarto lleno de papeles, carpetas, cajas y sacos de documentos policíacos. Y así lo estaban casi todos los cuartos y salas del primer y segundo piso del edificio y otras construcciones adyacentes.

 

Posiblemente para la disolución de la Policía Nacional a partir de los acuerdos de paz firmados en 1996, alguien dio la orden de trasladar a este sitio el Archivo del antiguo Palacio de la Policía y de otras comisarías departamentales, de modo que los ochenta y tantos millones de documentos que se calcula que contiene actualmente el Archivo -con libros de actas que datan de la década de 1890- estuvieron ocultos desde entonces, hasta que, el 6 de julio del 2005, la prensa local dio la noticia del inverosímil y afortunado hallazgo.

 

Cuando me entrevisté por primera vez con el jefe del Proyecto de Recuperación del Archivo, mi intención era conocer los casos de intelectuales y artistas que fueron objeto de investigación policíaca -o que colaboraron con la policía como informantes o delatores- durante el siglo XX. Pero en vista del estado caótico en que se encontraba el material ("Harán falta unos quince años para clasificar los documentos", me dijo el jefe) había que descartar esa idea por impracticable. Sin embargo, él mismo me invitó a visitar las instalaciones del Archivo, y mencionó un departamento que podría presentar un interés particular, el Gabinete de Identificación, que había sido conservado -casi como por milagro-, si no íntegramente, sí en buena parte y en un solo sitio. Además, los documentos que contenía cubrían un amplio arco de tiempo y habían sido ya catalogados en su totalidad.

 

Durante varias semanas después del hallazgo del Archivo, nadie se había percatado de la existencia de las fichas y expedientes que pertenecieron a este Gabinete. Entre dos módulos del antiguo hospital, había un montículo de tierra por encima del cual pasaba un sendero hecho por las carretillas que iban y venían cargadas de documentos que estaban siendo reubicados para su limpieza, catalogación y digitalización. Poco después de la estación de las lluvias, con la sequía, la superficie del montículo, donde ya crecía la hierba, se agrietó ligeramente, y alguien vio que debajo de la tierra había papeles, cartulinas, fotografías. Inmediatamente se suspendió el tráfico de carretillas y se examinaron los papeles, que resultaron ser las fichas de identidad policíacas y otros documentos que componen los vestigios del Gabinete. Si yo estaba interesado en ver esto -me dijo el jefe- me autorizaría para entrar en el Archivo, y quizá una vez visto el Gabinete podría visitar otras secciones, agregó. Por seguridad mía, y porque algunos de los expedientes de casos abiertos después de 1970 podían estar todavía activos o pendientes en los tribunales, me pidió que no consultara ningún documento posterior a ese año.

 

El día de mi primera visita al Archivo conocí a Ariadna Sandoval, una archivista de veintitrés años. Su trabajo consistía en limpiar y catalogar los documentos pertenecientes al Gabinete de Identificación.

 

-Al pie de las fichas procedentes de los distintos cuerpos de policía y recibidas por el Gabinete, hay un nombre que aparecerá constantemente: Benedicto Tun. El mismo fundó el Gabinete, en 1922, y trabajó ahí clasificando y analizando fichas hasta 1970, cuando se retiró. Fue el único jefe durante todo ese tiempo. Tal vez podría servirte de hilo conductor para tu... investigación? -me dijo Ariadna mientras me enseñaba las cajas donde había ido guardando durante casi un año las fichas recuperadas.

 

Comencé a frecuentar el Archivo como una especie de entretenimiento, y según suelo hacer cuando no tengo nada que escribir, nada que decir en realidad, durante esos días llené una serie de cuadernos, libretas y hojas sueltas con simples impresiones y observaciones. Todas las mañanas durante casi tres meses recorrí de extremo sur a extremo norte la ciudad de Guatemala para visitar el Archivo. Supongo que quienes estaban empleados ahí -tanto los archivistas ex rebeldes o humanistas que se dedicaban a la limpieza y catalogación de documentos, como los policías que los vigilaban- me veían como a un turista o advenedizo incómodo. Por mi parte, más allá de la información que esperaba obtener en ese laberinto de millones de legajos policíacos acumulados durante más de un siglo y conservados por azar, después de aquella visita inicial las circunstancias y el ambiente del Archivo de La Isla habían comenzado a parecerme novelescos, y acaso aun novelables. Una especie de microcaos cuya relación podría servir de coda para la singular danza macabra de nuestro último siglo.

 

Primera libreta: Modo & Modo

 

Jueves 14 de diciembre, 9 de la mañana. En el Archivo.

 

Me propongo hacer una lista de las fichas más llamativas o esperpénticas. Supongo que este trabajo, que tendrá algo de kafkiano -como ha sugerido Ariadna-, podría dejar entrever la figura de un hombre, el bachiller Benedicto Tun, cuya larga y peculiar trayectoria criminológica en un país con una historia política tan turbulenta como Guatemala tiene algo de hazaña.

 

Las fichas usadas originalmente por Tun eran del sistema Vucetich, en las que se podía consignar, además de nombres y huellas dactilares de las personas fichadas, el motivo por el que fueron fichadas, el lugar de domicilio, el estado civil, la profesión, los antecedentes y alguna observación particular. Este sistema sufrió algunas modificaciones en 1931 (como la introducción de cartulinas en lugar de tiras de papel) y en 1969 se impuso, por voluntad de la Embajada de los Estados Unidos -con el propósito de que los investigadores norteamericanos pudieran interpretar las fichas sin dificultad-, el sistema Henry, donde sólo se registran el nombre, la edad y las huellas dactilares. Además, de 1971 en adelante los guatemaltecos de sexo masculino, al obtener la mayoría de edad y solicitar la cédula de ciudadanía, comenzaron a formar parte de una base de datos situada en el Gabinete de Identificación, que el Gobierno de Guatemala compartía con el de los Estados Unidos, según consta en un documento conservado en el Gabinete de Identificación. Ambos sistemas designan un lugar para las fotografías de los reos, y no son pocas las imágenes que se han conservado.

 

Hoy las fichas, cartulinas amarillentas de diez centímetros por quince, están roídas por la humedad y el paso del tiempo. En casi todas las que he revisado figura, al pie, el sello y la firma de Benedicto Tun.

 

Segunda libreta: pasta negra

 

El destino es siempre desmedido: castiga un instante de distracción, el azar de tomar a la izquierda y no a la derecha, a veces con la muerte.

BORGES citado por BIOY

 

Archivo. Jueves por la tarde.

 

I. DELITOS POLÍTICOS

 

Aguilar Elías León. Nace en 1921. Moreno, delgado, cabello negro liso; dedo pulgar del pie derecho, fáltale la mitad. Fichado en 1948 por criticar al Supremo Gobierno de la Revolución. En 1955 por pretensiones de filocomunista, según lo acusan.

 

Aguirre Cook Natsuel. Nace en 1925. Oficinista, casado. Fichado en julio de 1954 por comunista. (Al reverso y en hoja adjunta): Sindicado como uno de los más peligrosos líderes comunistas, lugarteniente de Carlos Manuel Pellicer. Agitador de fincas en la zona de Chicacao, Suchitepequez, y cómplice de la muerte del alcalde del lugar. Operó después una radiodifusora clandestina en la finca "San Julián", Tiquisate. Durante la administración del Doctor Juan José Arévalo fue empleado en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Detenido al solicitar licencia de piloto automovilístico.

 

Avila Aroche Jesús. Nace en 1931. Moreno. (1.86 mts.) Marimbista. Soltero. Vive con su mamá. Fichado por limpiar botas sin tener licencia. En marzo de 1962 por hurto. En diciembre de 1962 por robo. En mayo de 1963 por secuestro.

 

Aguilar García Benito. Nace en 1923 en Escuintla. Soltero. Vive con su madre y hermanos. Fichado en 1948 al solicitar ingreso a la Guardia Civil. Dado de baja y puesto a disposición del Comité Nacional contra el Comunismo en 1955 por haber formado parte del pelotón de la Guardia Civil que con carácter de expedición punitiva fue enviado a Puerto Barrios al mando del teniente Cornelio Lone Mejía en el mes de junio de 1954 para efectuar actos de genocidio (en los últimos días del Gobierno de la Revolución).

 

Barrientos Luis Alfredo. Nace en 1924. Periodista. Fichado en 1956 por manifestante. En 1958 por propalar ideas exóticas.

 

Chavez Zacarías Horacio. Nace en 1930. Fichado en 1961 por soliviantar los ánimos de los trabajadores de la finca "El Porvenir".

 

Cao Chub Sebastián. Nace (ignora la fecha). Vive con su concubina Isidra Caal. Jornalero. Analfabeto. Fichado en 1957 por provocar incendio en terreno de Ricardo Kreb.

 

Cotón Ramírez. Nace en 1927 en Malacatán, San Marcos. Fichado por ser enlace entre comunistas nacionales y exiliados en México.

 

Cabrera García Leopoldo. Nace en 1931. Filarmónico. Fichado sin motivo en 1956.

 

Cante Villagrán Balvino. Nace en 1930. Chapador. Fichado en 1950 sin motivo.

 

Castillo Román Jorge. Nace en 1920. Chauffeur. Fichado en 1955 por comunista.

 

Chacón Lara Miguel. Nace en 1926. Hojalatero (en Antigua). Fichado en 1943 por insubordinación.

 

Coronado Coro Alvaro. Nace en 1940. Telegrafista. Fichado en 1962 por sabotaje.

 

Díaz Paredes Fausto. Nace en 1945. Tractorista. Fichado en 1970 por atentados contra instituciones democráticas y tenencia de pertrechos de guerra. En 1972 por robo, plagio y asesinato.

 

Figueroa Estrada Rafael. Nace en 1924 en la capital. Agricultor. Fichado en 1955 por terrorista.

 

Figueroa Vides Rodolfo. Nace en 1930. Periodista. Casado. Fichado sin motivo en 1956.

 

Fajardo Pérez Antonio. Nace en 1937. Estudiante. Vive con su mamá. Fichado en 1956 por sedición y rebelión.

 

García Soto Gonzalo. Nace en 1930. Ayudante de ladrillero. Fichado en 1960 por contravenir toque de queda.

 

García Domínguez. Nace en 1927. Chofer. Fichado en 1964 por tenencia de explosivos.

 

Gallardo Ordóñez Mario. Nace en 1929. Talabartero. Fichado en 1959 por distribuir propaganda subversiva.

 

Galvez Sandoval María Virginia. Nace en 1932. Maestra empírica. Fichada en 1954 por estar afiliada al Partido de Acción Revolucionaria.

 

Gudiel López María Luisa. Nace en 1934. Vive con sus padres. Fichada en 1956 por tenencia de armas.

 

Hernández Carrillo Víctor. Nace en 1910 en Puerto Barrios. Pescador. Fichado en 1963 por robo de cable telefónico.

 

Ingenieros Fernández Pablo. Nace en 1950. Carrocero. Fichado por maltratar la bandera patria.

 

Lorenzana Marcio Iván. Nace en 1935. Vive con su mamá y hermanos en la zona 1. Dibujante. Fichado en 1960 por tenencia de pertrechos de guerra.

 

Molina López Efraín. Nace en 1932. Tipógrafo. Fichado en 1960 por ser presunto responsable de estallido de bomba.

 

Méndez Arriaza Pedro. Nace en 1925. Mecánico dental. Fichado en 1961 por actividades subversivas.

 

Nadal Chinchilla Manuel de Jesús. Nace en 1930. Soltero. Filarmónico. Fichado en 1955 por filocomunista.

 

Ochoa Santizo Jorge. Nace en 1943. Carrocero. Fichado en 1960 por sospechoso. Vive con su señora madre puta.

 

(...)

 

III. FICHAS POST MORTEM

 

†Ruano Coronado María Consuelo. Nace en 1918. Fichada en 1937 por tráfico y tenencia de marihuana. Muerta por arma de fuego en 1980.

 

†XX. Características: entre 32 y 37 años, de aspecto obrero (sastre, comerciante o chofer). Tez morena. Estrangulado en la vía pública en 1980.

 

†XX. Características: veintitantos años. Pelo negro liso. Nariz

 

cóncava. Baleado frente a los almacenes Doresley en 1980.

 

†Zamora Enamorado José Cecilio. Domiciliado en Puerto Barrios. Jornalero. Señas: amputación del dedo índice derecho. Detenido el 4 de noviembre de 1961 por contrabando. Muerto por arma blanca en 1973.

 

†XX. Atado de pies y manos con mecate de plátano, golpeado y lanzado al río. Aclaración: al proceder a la toma de impresiones al cadáver ya mencionado tropecé con la dificultad de que los dedos los tenía churucos, haciendo difícil tomar la huella rodada, aunque procedí a la inyectada pero tampoco me dio resultado. No me quedó más remedio que cortarle los dedos que mejor consideré para el efecto. Firma: José Héctor Terraza T, 7 de diciembre de 1974.

 

Nota: En un sobrecito adjunto a esta ficha encontré una tira de papel con el diagrama impreso para marcar las huellas digitales. Y allí, en lugar de las típicas manchas de tinta, estaban unos trocitos de tejido que recordaban pétalos de rosa secos, con dibujos dactilares. Examinados más de cerca resultaron ser piel humana.

Notas relacionadas

Calificar artículo

9 Votos

Espacio de lectores Deje su comentario

Seguir los comentarios por email.

Literatura
Facebook twitter