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Jueves 20 de Diciembre de 2012

Sandra Ramírez

Las FARC usamos las armas para que nos escuchen

/ Fotos: Pascual Arturo Fernández / Alberto Benítez Meza

Es una de las 13 mujeres que conforman el grupo de 30 personas que por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) negocian con el gobierno colombiano un posible –y anhelado– proceso de paz. Con su gran sencillez, aunque de una elegancia natural, Sandra Ramírez forma parte del 40% de las mujeres combatientes. Un dato no menor: es la viuda del líder histórico de la organización guerrillera, Manuel Marulanda Vélez.

Cuesta imaginarla vestida de guerrillera, cargando una mochila de 25 kilogramos, repeliendo a tiros el ataque enemigo o buscando refugio para evadir los bombardeos aéreos. Se la conoce como Sandra Ramírez y dejó el escenario de guerra colombiano para viajar a la capital cubana a hablar de paz. Hasta ahora es la única mujer, conocida públicamente, envuelta en las conversaciones exploratorias entre delegados de las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del gobierno de ese país, encabezado por Juan Manuel Santos, para iniciar un diálogo destinado a “la construcción de una paz estable y duradera”. 

 

Cuando se la vio llegar al primer encuentro con la prensa ofrecido en el pasado agosto en La Habana por representantes de las FARC, no todos los periodistas sabían quién era. Pronto el dato recorría el salón: entre los negociadores iniciales figura la compañera de “Manuel Marulanda”, nombre de guerra de Pedro Antonio Marín, fundador y líder de la guerrilla más longeva de América Latina.

 

Una de las interpretaciones de su presencia en estas conversaciones es que se reafirma la continuidad de un proceso iniciado por Marulanda, muerto de un paro cardíaco en marzo de 2008. “Es su legado el que está presente. Durante sus 60 años de lucha estuvo buscando una salida política al conflicto, y esa ha sido siempre nuestra vocación”, afirmó Ramírez en esta entrevista exclusiva. “Al lado del comandante Marulanda aprendí el amor a esta causa que llevamos, lo cual definitivamente implica un compromiso mucho mayor. Trabajamos juntos muchos años, compartimos muchísimas cosas”, agregó en un momento de la conversación en que las emociones pusieron en riesgo su hablar pausado y sosegado.

 

Ramírez es hija de una familia campesina numerosa –”fuimos 15 hermanos, las opciones de vida eran escasas, sobre todo para nosotras, las mujeres”– y se unió a la guerrilla con 17 años. En mayo último cumplió 48 y aún no se arrepiente del camino escogido: “Hacia 1981, por la región campesina donde vivía con mi familia, empezaron a pasar guerrilleros. Mi padre les servía de guía para que conocieran la región. A mí me llamó mucho la atención que fuera una mujer el mando. Debido a las condiciones económicas no pude continuar mis estudios secundarios, y como esa mujer se me había convertido en un referente, decidí ingresar a las FARC. Encontré que no había diferencia entre hombres y mujeres para ir al combate. También me llamó la atención que se estuviera en lucha contra el machismo y por la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres. Lo que no era fácil, teniendo en cuenta que la mayoría de combatientes son del campo, donde el machismo es más acentuado, además de proceder de una sociedad capitalista altamente machista. En las FARC hemos creado mecanismos para ir cortando con ello, y es una de nuestras diarias luchas al lado de los compañeros. Porque nuestra lucha es por la igualdad de los géneros y su bienestar. Es ese respeto por la mujer y la posibilidad de que avancemos como personas, combatientes y profesionales lo que ha hecho que tantas mujeres ingresen a sus filas”.

 

En la montaña aprendió enfermería y comunicaciones e integró el cuerpo de guardia de los “camaradas” de la dirección nacional de las FARC. Al parecer, así fue como se acercó sentimentalmente a Marulanda, a quien acompañó y cuidó en los últimos años de su vida. La prensa colombiana recuerda haberla visto junto a él, 10 años atrás, en las conversaciones de paz entre las FARC y el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002), en el municipio sureño de San Vicente del Caguán.


ALMA MAGAZINE: Aquellos diálogos fracasaron. ¿Cuál es su expectativa con éste?

SANDRA RAMIREZ: Estamos iniciando este nuevo proceso de conversaciones, a ver si con el esfuerzo de todos, de la guerrilla, el gobierno y el pueblo colombianos, logramos una solución política al conflicto. Las posibilidades de éxito en este empeño siempre han estado presentes, el problema es que la oligarquía colombiana siempre se ha negado a ceder un milímetro de su estatus de poder, desde el cual elimina a tiros al opositor.

 

AM: ¿Cree posible conversar de paz sin cese de hostilidades (N. de R: la entrevista se hizo antes del anuncio de las FARC de un alto al fuego)?

S.R.: El gobierno de Alvaro Uribe (2002-2010) se caracterizó por ejercer la violencia extrema, no abrió las puertas a la paz. Ahora la correlación de fuerzas es diferente, tanto dentro del país como en el entorno latinoamericano de Colombia, con gobiernos democráticos como los de Venezuela, Bolivia o Ecuador. Los pueblos están adquiriendo otras formas de lucha y eso incide en el pueblo colombiano. La decisión es sentarse a conversar, pero la lógica y el mismo escenario nos dirán si hay o no cese del fuego que, de darse en algún momento, tiene que ser bilateral.

 

AM: A comienzos de los años 90, el líder cubano Fidel Castro, quien comandó la insurrección armada que lo condujo al poder en 1959, comenzó a desaconsejar ese camino e insistió en las posibilidades de la lucha de masas, especialmente del “pueblo unido, el pueblo coordinado, el pueblo luchando en una misma dirección”. ¿Qué le pareció a usted esa declaración? 

S.R.: Las condiciones en Colombia son muy diferentes. No hay libertades para la participación política. Aferrada al poder, la ultraderecha elimina físicamente a sus opositores; ha cerrado todas las vías y no nos dejó otra opción que el uso de las armas para que nos escuchen. Porque se trata de eso, usamos las armas para que nos escuchen.


AM: Se dice que las FARC quieren negociar porque están debilitadas.

S.R.: Las FARC buscan la paz desde que se fundaron y esta es una nueva oportunidad. Claro, como organización que enfrenta toda la tecnología de punta suministrada por Estados Unidos, no podemos negar que hemos sido golpeados y perdido cuadros valiosos. Pero eso no significa debilidad.

 

AM: ¿Usted considera que hay condiciones para que el pueblo colombiano acompañe este proceso?

S.R.: Claro que sí, este diálogo responde al deseo de indígenas, afrodescendientes, de todos los movimientos y sectores sociales del país. No es un capricho del gobierno de Santos ni de las FARC.


AM: En los acuerdos que ustedes consideran hoja de ruta de las pláticas de paz no se menciona la situación de la mujer. ¿A qué se debe? 

S.R.: La situación de la mujer en Colombia es tan difícil como la de todo el pueblo colombiano, por eso no se menciona específicamente. 

 

AM: Alrededor del 40% de la tropa de las FARC son mujeres; sin embargo, ellas no están en el Secretariado de la organización…

S.R.: Nosotros calculamos que en este momento somos más del 40%. No hay mujeres en la dirección nacional, pero sí en el Estado Mayor Central y en escalones intermedios. A nivel de compañías, las hay integrando los comandos de dirección. Una mujer en las FARC cumple misiones y ejerce el mando, porque desde que ingresa se le educa para que tome conciencia de su condición de persona y combatiente.


AM: También en Colombia las mujeres sufren violencia doméstica y el machismo que las discrimina. ¿Existen esos problemas en la guerrilla? 

S.R.: Nuestra organización brotó de las entrañas de la sociedad colombiana y no está ajena a esas realidades. Pero en su seno se contribuye a la preparación de las combatientes para que se expresen, participen, tomen decisiones y hagan valer sus derechos. Tenemos normas disciplinarias y no se permiten riñas y menos violencia contra la mujer.

 

AM: ¿Es verdad que hay niños en la guerrilla?

S.R.: Ha habido casos excepcionales, con hijos o hijas de guerrilleras o guerrilleros muertos en combate. A veces sus abuelitos no pueden cuidarlos y son muy vigilados y perseguidos por la policía o el ejército. No queda más remedio que llevarlos con nosotros. Les damos una educación, se designa a algún combatiente para que los atienda, tratamos de darles la mejor atención.

 

AM: ¿Qué pasa si ese niño o niña quiere marcharse?

S.R.: Se analiza la situación. Generalmente optan por quedarse por un problema de seguridad. Ha habido muchos casos de niños que hoy son excelentes combatientes y hasta comandantes.


AM: ¿Existe presión o coacción sobre los jóvenes para que ingresen a la guerrilla? 

S.R.: De ninguna manera. El ingreso es por voluntad propia de cada persona, sea hombre o mujer. La edad mínima para integrarse a las FARC es 15 años.

 

 

El deseo choca con la incredulidad

Texto: Helda Martínez

 

Escepticismo, temor a opinar y una pizca de esperanza conforman el cóctel de respuestas de los colombianos consultados sobre las posibilidades de que el diálogo entre el gobierno y la guerrilla de las FARC, iniciado el pasado lunes 19 de noviembre en La Habana, ponga fin a la guerra civil. “Ojalá, Dios quiera. Pero lo veo difícil, porque con la guerrilla nada es fácil. Por supuesto que si se alcanzara la paz sería un logro muy grande, porque muchos campesinos volverían a sus tierras, se acabarían tantas bombas y el país crecería”, dijo la contadora María Jaramillo, de 40 años, una de las tantas personas entrevistadas en la céntrica plaza bogotana de Bolívar.

 

Más escéptica, la estudiante de ciencias políticas Elizabeth Núñez descree de las intenciones de paz de las FARC, “aunque nada es imposible”. “Hasta ahora, por lo que dice la guerrilla, es lo mismo de siempre. Como si no tuvieran intención de acatar el diálogo”, manifestó Núñez al ser interrogada antes de que se conociera el alto al fuego unilateral anunciado ese lunes 19 desde Cuba por los negociadores de las FARC.

 

El comienzo formal de las conversaciones en La Habana es la culminación de seis meses de acercamientos secretos entre el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y dirigentes de las FARC, la insurgencia izquierdista creada en 1964 en el departamento de Caldas por campesinos rebeldes frente a los desmanejos del gobierno y la justicia de entonces.

 

Santos anunció en agosto las posibilidades de diálogo con la guerrilla tras los avances logrados en esos encuentros, realizados con apoyo de los gobiernos de Cuba y de Noruega, constituidos ahora en garantes del proceso, y de Venezuela y Chile, como acompañantes. De esas instancias surgió el “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” que básicamente propone que las FARC abandonen la lucha armada y que el gobierno se avenga a implementar, entre otras demandas, un ambicioso plan de desarrollo agrario integral.

 

Sobre la base de un temario que abarca el programa rural, que incluye la sustitución de cultivos de drogas ilegales, el modo de participación política legal futura de la guerrilla, el fin del conflicto armado y la atención a las víctimas, se instaló en octubre en Oslo la Mesa de Diálogo de Paz. Sin embargo, el contenido de cada tema no está definido, evidenciándose diferencias radicales. Por ejemplo, el Programa de Restitución de Tierras, bandera del gobierno de Santos y considerado por este un avance del primer punto, es cuestionado y calificado por la guerrilla como una trampa que beneficia a empresarios y firmas transnacionales.

 

En paralelo, muchos colombianos se mantienen al margen y escépticos o prefieren el silencio en un país polarizado. “Un factor es la polarización que acrecentó el presidente Uribe en sus dos gobiernos consecutivos, impulsando odios radicales. A esto se suma el desconocimiento generalizado, desde la escuela hasta la universidad, del significado real de democracia, opinión pública o sociedad civil. En radio y televisión, la mayoría de espacios políticos tratan el tema como la farándula: hay anécdotas, apuntes curiosos, textos breves y sin contexto, mientras que los artículos y columnas con criterios de los periódicos se dirigen a expertos, académicos o estudiosos, no a la gente del común”, respondió el profesor universitario y experto en opinión pública Armando Ramírez. “Lograremos la paz cuando las partes cedan, y víctimas y victimarios se sienten de frente y se perdonen”, resumió Ismael Rodríguez, empleado de una aerolínea de 31 años.

 

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