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Domingo 28 de Febrero de 2010

Tanzania

Ser albino y no morir en el intento

por Manuel Rizzi / Fotos: STR / Katrina Manson / HO

Hasta hace un tiempo, los albinos africanos sólo debían preocuparse por la discriminación y las consecuencias del fuerte sol tropical sobre su piel. Pero en los últimos años se difundió una macabra creencia: que con su cuerpo es posible fabricar amuletos y pócimas para la buena suerte. Desde entonces, numerosos mercenarios han salido a cazarlos y su vida se ha transformado en una pesadilla. El epicentro de este culto es Tanzania, un país de Africa oriental, donde se registraron numerosos ataques a albinos.

Hace un tiempo, los cazadores furtivos se habían ensañado con los rinocerontes porque su cuerno tenía buena acogida en los mercados, ya que muchos consideraban que poseía cualidades afrodisíacas. Cuando la noticia retumbó en todo el mundo, numerosas organizaciones ecologistas se movilizaron para impulsar a los países a proteger a esos bellos animales. Sería bueno que se pudiera afirmar que, tras ese episodio, la ciencia y la verdad se impusieron sobre la superchería y el sinsentido.

 

Pero no todo es tan fácil en el continente africano y el progreso infinito de la civilización es una mera quimera. En pleno siglo XXI, los ciudadanos albinos -aquellas personas con falta de melanina, sustancia que determina la pigmentación de la piel- quedaron en la mira y más desprotegidos que los propios rinocerontes. La causa de este drama: hace unos años, los curanderos del Africa subsahariana comenzaron a afirmar que podían preparar, con los restos de los albinos, talismanes contra la mala suerte o pócimas para conseguir amor, alargar la vida y realizar buenos negocios.

 

Como suele ocurrir, los únicos que consiguieron hacer una fortuna son esos siniestros brujos y los mercenarios que recorren como auténticos cazadores humanos Burundi, Kenya y, especialmente, Tanzania. Aunque parezca mentira, aquellos crédulos que necesitan buena suerte han compuesto un gigantesco mercado que deja ganancias extraordinarias. Los investigadores indican que las partes del cuerpo de un albino pueden ser trozadas y vendidas como una vaca o un puerco en la carnicería. Según investigaciones, en el mercado negro las piernas son tasadas en 2 mil dólares, un brazo ronda los 800 dólares, mientras las cabezas y los genitales valen una fortuna. Los captores llegan a ganar hasta 75 mil dólares descuartizando a sus presas.

 

Tanzania es el país donde esta sanguinaria práctica creció de manera exponencial. Hasta los hombres fuertes del gobierno debieron declarar en varias oportunidades que protegerán a los albinos y perseguirán a los asesinos. "Es un problema que se nos está yendo de las manos y, pese a los esfuerzos del gobierno, se está extendiendo y debe ser atajado por las autoridades de la Unión Africana", advirtió Samuel Mluge, presidente de la asociación de albinos de Tanzania.

 

En los últimos dos años un centenar de personas fueron detenidas por involucrarse en este negocio. Con una población de 35 millones de habitantes, en este país existen alrededor de 170 mil albinos y por eso se convirtió en la meca de este nefasto ritual. Mientras en Estados Unidos las probabilidades de nacer albino son de una cada 17 mil habitantes, en ciertas zonas de Africa son de una cada 3 mil. Desde siempre se consideró a esos niños como signos de mal augurio, que venían para anunciar plagas, enfermedades o catástrofes naturales. Pero los únicos infortunados eran los pobres albinos. Además de afrontar la segregación y la estigmatización, debían lidiar con enfermedades en la piel, ya que el impacto de los rayos ultravioletas puede provocarles cáncer o ceguera. Sin embargo, todo empeoró: desde 2007 fueron asesinados 53 albinos en Tanzania y 11 en Burundi, un pequeño país limítrofe.

 

Piel blanca, corazón rojo. Mary parece una estatua de mármol de una mujer africana. Tiene el cabello rizado, los labios anchos y la fisonomía típica del continente negro. La ilusión óptica se rompe cuando esta keniata se levanta para atender a sus seis hijos. El cuerpo negro de los niños cruzados por sus brazos blancos podría inspirar una publicidad de Benetton, en los tiempos en que la empresa italiana quería guiarse por el multiculturalismo.

 

"Fue difícil crecer porque tenía que soportar bromas, insultos, comentarios absurdos", cuenta con la paciencia de quien venció a la adversidad y pudo desarrollar una vida normal hasta 2007, cuando estos amuletos se popularizaron "Una vez fui con mis hijos de 6 y 7 años al mercado y el carnicero se puso a bromear en voz alta diciendo que si me mataban podían venderme en pedazos y ganarían una fortuna", recuerda de pésimo humor.

 

Al oír ese "chiste", sus niños se pusieron a llorar y tuvieron problemas para dormir durante varias semanas. "Siempre los comentarios fueron desagradables aunque eran menos peligrosos. Antes solía darme vergüenza. Era la distinta del pueblo. Pero ahora donde quiera que vaya la gente empieza a decir que mis piernas pueden valer una fortuna. Sinceramente, me intimidan. Me asusta salir sola sin estar protegida por mi marido o mis hijos", agrega.

 

Tampoco ser hijo de una mujer albina es fácil. El más grande de los muchachos cuenta que los compañeros de la escuela le hacían burlas referidas a su madre. Una mañana la mujer fue a la institución escolar a hablar. Deseaba que esa situación no continuara. La atendió la maestra que al verla se sorprendió. "¿Cómo es que usted es así y su hijo normal?", insinuó la pedagoga y la madre le tuvo que explicar que sólo nacen albinos cuando ambos progenitores llevan genes albinos. "La maestra pensaba que el albinismo era contagioso", repite escandalizada. "Mi piel es blanca pero mi corazón rojo", replicó Mary.

 

Ventanas. La cortina está cerrada y apenas entra un rayo de luz. Richard tiene la expresión tensa de los testigos protegidos que alzaran su voz contra la mafia. Con movimientos lentos, se acerca a la ventana y observa sin permitir ser visto. Con otro gesto de dolor, cierra las cortinas como si fuera un alcohólico al cual el sol lastima. Pero él no le teme al gran astro sino a los vecinos. Tras la puerta, Richard intenta escuchar las voces que llegan desde el más allá.

 

Cada tanto pasan grupos de niños caminando y nunca falta alguno que diga "¿Sabes que aquí dicen que vive un albino?" y otro responde "Mi padre quiere uno para tener buena suerte". Entonces Richard entra en crisis. Se siente marcado. Tarde o temprano, atisba, alguien lo intentará atrapar. En el pasado su identidad era menos dramática. Cuando salía a la calle los niños le preguntaban a sus madres si "el señor había sido pintado o si me habían lavado demasiado".

 

No obstante, en los últimos tiempos, desde que se diseminó esa creencia, todo cambió: muchos pasaron a considerarlo como una suerte de cheque en blanco, un plan de asistencia o un salvoconducto a la riqueza. "Cuando supe que un niño albino había sido masacrado aquí cerca sentí que se me condenaba a muerte", relata con una voz cavernosa y confiesa que "al principio pensé que la cordura terminaría por imponerse, pero estaba equivocado".

 

En cierta ocasión, unas poco amistosas sombras lo siguieron por la calle y en otra oportunidad, unos hombres con cara de pocos amigos entraron a su comercio para preguntar algunas tonterías. "Cuando comencé a pensar que venían por mí, justo en ese instante entraron algunos clientes y los sospechosos se fueron", dice secándose el sudor de su frente. "Por eso tuve que contratar un empleado para que se quedara en mi tienda y yo me encerré aquí dentro para estar protegido", sopla y con un gesto sutil marca una escopeta con doble caño, apenas tapada por las cortinas.

 

La ventana está abierta y entran moscas. No es la casa de Richard sino la jefatura de policía más cercana. Como el sargento a cargo no tiene autorización para hablar, pide que no se publique su nombre y atiende desde la puerta de su oficina, que no es un ejemplo de pulcritud y orden. Su rostro no es tímido ni blanquecino, sino todo lo contrario. Por sus gestos sobreactuados -y su cuerpo desproporcionado- parece un reyezuelo trastornado. Por la seguridad con que le plantea sus argumentos, también.

 

"Estamos trabajando para garantizar la seguridad a todos los albinos de la zona", revela impostando la voz con tono de mensaje institucional. "No hay de qué temer", repite. "Gracias por difundir nuestro mensaje", insiste. "No queremos que nadie siembre miedo ni mentiras", desliza al despedirse sin aclarar si se refiere a los curanderos o a los periodistas. Desde la puerta puede distinguirse que sobre el escritorio tiene un ornamento con dedos de simio, otro popular talismán africano. Cualquiera podría sospechar que si el policía cree que las falanges de un primate le darán buena suerte, también podría confiar en los realizados con albinos.

 

Vocación de ayudar. De niña, Fatoup amaba peinar su nevado cabello y soñaba con ser peluquera. Pero en algún momento descubrió que muchas de sus conciudadanas no se dejarían tocar por sus lechosas manos. "Fue una etapa muy dura. Aprendí lo que es la discriminación y la soledad", comenta la muchacha que alguna vez creyó que no superaría esa etapa de dolor. Al crecer, percibió que debía dejar de preocuparse por lo que los seres humanos llevan fuera de la cabeza para dedicarse a lo que llevan dentro. "A los 17 años comprendí que el futuro de nuestra gente está en la educación. Y entonces quise convertirme en maestra. Quería enseñarles que no hay que discriminar a nadie por su piel. Pero luego desistí porque intuí que me costaría mantener el respeto", reflexiona al pensar en su vida.

 

Cuando vislumbró que el problema del albinismo en Tanzania no podía resolverse desde un aula, Fatoup decidió trazar un horizonte más alto e ingresar a una de las asociaciones de ayuda. Con orgullo, la joven cuenta que "ahora mi meta es trabajar para que la asociación facilite la inserción de los niños albinos en la sociedad y en la vida escolar". Junto a otros integrantes se comunicaron con congresistas de Estados Unidos para que se informe al presidente Barack Obama sobre el problema que enfrentan y puedan recibir su ayuda. "En todos lados, en todos los países hay discriminación pero eso no quiere decir que debamos aceptarla", medita Fatoup. Tiene razón: aunque la discriminación sea una constante presente en todos los grupos humanos, no hay que asumirla como una barrera infranqueable.

 



Definición

 

El albinismo es una condición genética en la que hay una ausencia congénita de pigmentación (melanina) de ojos, piel y pelo que puede encontrarse tanto en los seres humanos como en los animales. Esta condición es causada por una mutación en los genes y es considerada hereditaria. Surge cuando los dos progenitores son portadores del gen recesivo. Vale recalcar que en los individuos no-albinos, los melanocitos transforman el aminoácido tirosina en la sustancia conocida como melanina. Ella se distribuye por todo el cuerpo dando color y protección a la piel, el cabello y el iris del ojo. Cuando el cuerpo es incapaz de producir esta sustancia o de distribuirla, se produce la hipopigmentación, conocida como albinismo.




En Latinoamérica


Dos lugares del continente son célebres por su alto porcentaje de albinos. Pero no se enfrentan a mayores riesgos salvo la presencia de turistas entrometidos que buscan fotografiarlos.


Aicuña: Es un pueblo de la provincia argentina de La Rioja, perdido en la cordillera de los Andes. Su aislamiento provocó que los miembros de las familias del lugar comiencen a casarse entre ellos, provocando la masificación del gen del albinismo, que había sido introducido por el conquistador español que fundó el poblado cerca del 1600. Ya entrado el siglo XX, los médicos descubrieron que aunque vivían sólo 300 personas, ellas tenían 3 mil veces más probabilidades de ser albinos que el resto de sus vecinos.


Puerto Rico: Es considerada "la capital del albinismo a nivel mundial". De los 13 tipos de albinismo, en la isla se encuentran siete y uno cada dos mil habitantes posee algún tipo. El Síndrome de Hermansky-Pudlak es el albinismo de mayor prevalencia. En el área norte, una de cada 21 personas es portadora del gen, mientras que en el área centro-sur la relación es de uno a 36.

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