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Felipe Real
Viernes 11 de Diciembre de 2009

El Mago de Oz

Tras el arco iris

por Felipe Real

Cada diciembre en la pantalla del televisor reaparece Wizard of Oz (1939) y el público le vuele a declarar su fidelidad a aquel musical estrenado hace 71 años envuelto en mitos y dramas. 

Por entonces, los directivos de la Metro-Goldin-Mayer vivían obsesionados con emular el éxito de Walt Disney con Blancanieves. Creyendo que la clave del éxito residía en los enanos, apostaron todo un dineral en una historia que los tuviera en abundancia: la elegida fue The Wonderful Wizard of Oz, un relato infantil publicado en 1900.

Además de los 200 enanos, querían contratar a Shirley Temple como protagonista, pero la taquillera niña era “propiedad” de la Fox-Twentieth Century. Después de duros debates, optaron por Judy Garland, una ignota muchacha de 17 años. La inesperada decisión provocó que surgiera uno de los tantos mitos: muchos sostienen que para ser contratada, Judy ocultó con una faja sus adolescentes pechos.

Cuando comenzó el rodaje, no acabaron los problemas. La actriz que interpretaba a la Bruja Mala se intoxicó por usar un maquillaje de bronce. A los pocos días, cayó, por el mismo motivo, el Hombre de hojalata. Explosiones, decorados rotos, e incendios se convirtieron en rutina. Muchos sugirieron que esos accidentes eran producidos por los enanos ofendidos por cobrar un salario menor que el perro Toto. También se dijo que en sus ratos libres organizaban orgías y todavía hoy, los sobrevivientes se encargan de negarlo.

Más tarde, otro rumor cobró fuerza: según decían, un “hombrecito” se había ahorcado detrás del escenario por un amor no correspondido con Judy Garland y su cuerpo podía ser observado en una secuencia. El murmullo cobró tal fuerza que los peritos debieron analizar la cinta y explicaron que la confusión se debía a un efecto óptico; pero nadie les creyó.

Hoy, circula otro mito: muchos sostienen que la historia es una alegoría homosexual. Por eso, la comunidad gay de los Estados Unidos entona a la canción Over the Rainbow como un himno.

Sin embargo, el letrista Yip Harburg explicó que la compuso pensando en el escenario social surgido tras la crisis financiera de 1929. El personaje de Judy representaría a los granjeros que dejaron sus casas en el Medio Oeste escapando de las tormentas de polvo y las ejecuciones hipotecarias de los bancos realizando aquel largo éxodo registado por Dorothea Lange. Según Yip, también los amigos de Dorothy tendrían su tinte político: el Espantapájaros personificaba a los trabajadores rurales y el Hombre de Hojalata a los fabriles, mientras que los enanos representaban a las Unions que entonces proliferaban. Por su parte, el arco iris (que no figuraba en las versiones anteriores del relato) habría sido una creación suya que remitía a la confianza en el porvenir.
 
El futuro, irónicamente, no fue generoso con Judy Garland que enfrentó problemas financieros y depresiones. Ni tampoco con el músico: aparentemente, Yip Harburg había vivido tres años en Uruguay y retornó a Estados Unidos portando ideales que, como puede suponerse, no fueron del agrado del senador Joseph McCarthy y terminó siendo incluido en las listas negras de Hollywood para quedarse sin trabajar desde 1951 hasta 1962.
 
A 71 años de su estreno, lanzaron un set con 4 discos con todo lo que hay que saber sobre esta joya del cine. Cuando tenga los DVDs en sus poder, podrá averiguar la veracidad de otro mito: aquel que dice que si sincroniza la película con el disco The Dark Side of the Moon, cada escena se corresponderá con la música de Pink Floyd.

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