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Alex Gasquet
Martes 24 de Noviembre de 2009

Nobel de la Paz

Incongruencia e hipocresía

por Alex Gasquet

Días atrás el Comité Nobel Noruego anunció que el presidente estadounidense Barack Obama recibirá el próximo diciembre el Nobel de la Paz 2009. Obama, quien lleva menos de nueve meses de gestión, es –además de primer mandatario– el Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de un país con dos frentes de guerra abiertos y la capacidad bélica para destruir 6 veces el planeta. Se sabe: el escenario de Barack Obama es el mundo, y la movilización emocional que producen su discurso y su estilo de gestión es aún más fuerte fuera de Estados Unidos que en el propio ámbito doméstico. Aunque en rigor de verdad, Obama se presenta como un extraordinario líder potencial de cara al futuro, que en el universo de los hechos aún no ha mostrado ningún logro significativo que amerite ser merecedor de la distinción de mayor prestigio que una persona pueda recibir.


No obstante la ausencia de una trayectoria de logros consagrados en aras de la paz, la imagen que Obama proyecta y el cautivante sonido de sus palabras parecen haber influido decididamente en el fallo del comité del Instituto Nobel: “Durante 108 años, el comité noruego de los Nobel ha intentado fomentar precisamente esa política internacional y esas actitudes de las que Obama es ahora portavoz mundial. El comité apoya el llamamiento de Obama que dice que ahora es el momento para que todos nosotros asumamos nuestra parte de responsabilidad para una respuesta global a los retos globales”. Declaración que suena, por lo menos, poco seria.

No es un hecho lo que se está condecorando sino que la distinción se centra en la calidad de la comunicación y lo atractivo del concepto que transmite. Hace unos días se difundió que tres de los cinco miembros del comité de Oslo en principio se opusieron a la elección de Obama. La representante en el comité del Partido del Progreso Inger-Marie Ytterhorn, la conservadora Kaci Kullmann Five y la socialista Agot Valle mostraron objeciones. En particular, Ytterhorn expresó sus profundas dudas sobre el futuro del actual compromiso internacional manifestado por Obama. Sin embargo, al final se impuso el criterio del secretario del comité y ex primer ministro laborista, Thorbjörn Jagland, alcanzando la unanimidad necesaria para la decisión.

Los premios Nobel se instituyeron en 1895 como última voluntad de Alfred Nobel. Más allá de la costumbre de la época de realizar acciones orientadas a hacer trascender su nombre al morir, el sentimiento de culpa tuvo un lugar significativo en el testamento de Alfred Nobel. Su condición de empresario enriquecido por la producción de dinamita fue la motivación principal de su afamada herencia. Si hubo dignidad y empeño de promover un cambio con la redacción del documento, los encargados de su ejecución durante las últimas décadas parecen no haber honrado el legado. El premio Nobel de la Paz, según reza el espíritu original, es para “la persona que ha hecho el mejor trabajo o la mayor cantidad de contribuciones para la fraternidad entre las naciones, la supresión o reducción de ejércitos así como la participación y promoción de congresos de paz”.

Si bien los ganadores se anuncian cada año, las candidaturas se hacen públicas luego de transcurridos 50 años desde la nominación. Esta regla nos impide hacer una revisión de la coherencia de las nominaciones de los últimos años. Sin embargo, cuesta cada vez más creer en un galardón que ha tenido entre sus candidatos a Hitler y a Stalin, y que ha ignorado las virtudes de Gandhi. Difícil digerir la convivencia de los laureados cuando en ese espacio compartido se deshonra a la Madre Teresa de Calcuta al ubicarla en igualdad de merecimientos con Henry Kissinger. O a Martin Luther King junto a Yasser Arafat. La perspectiva histórica, el sentido de la oportunidad y algún hecho aislado no limpian la afrenta que significa haber entregado el Nobel de la Paz a terroristas o asesinos. El premio otorgado a Kofi Annan en 2001 después de que las Naciones Unidas ignoraran vergonzosamente el genocidio de Ruanda, consolida la incongruencia de los métodos y la inmoralidad de los objetivos.


Vale la mención especial de que el primer sorprendido con este reconocimiento ha sido el propio Barack Obama. Conocida la noticia, en las primeras líneas del comunicado oficial emitido por la Casa Blanca se destaca un episodio familiar: “Buenos días. Bueno, no tenía previsto despertarme esta mañana con esto. Tras recibir la noticia, Malia (N. de la R.: hija del presidente) entró y dijo: ‘¡Papi, ganaste el Premio Nobel de la Paz y es el cumpleaños de Bo! (N. de la R.: mascota de la familia)’ Por lo tanto, es bueno tener niños para que pongan las cosas en perspectiva”.

La lectura entre líneas del comunicado claramente relativiza la jerarquía del premio, y evita toda lectura sobre el significado del mismo. Para los que especulan con la idea de que la distinción entregada en forma “preventiva” condicione la futura política exterior de Estados Unidos, la Casa Blanca y el Congreso se encargarán de demostrarles que la famosa frase de Theodore Roosevelt permanece más vigente que nunca: “Habla con suavidad y lleva un buen garrote; llegarás lejos”. No olvides. Esto es Estados Unidos.

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